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Dos Romeos y una Julieta

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Dos Romeos y una Julieta

Mensaje  Jace Phantomhive el Vie Mayo 04, 2012 3:52 am

Corría en ese entonces el año 1975, y Hogwarts ya se preparaba para recibir a los nuevos y viejos alumnos.

El 27 de Agosto, precisamente a las 6 de la mañana, dos adolescentes se despertaban en dos lados opuestos de la ciudad; uno en una casa de la alta sociedad y otro en una casucha pobre y desdichada. Ninguno de los dos sabía que sus destinos, por más enemigos que fueran, estarían cruzados durante ese año de escuela.

Ese verano, Sirius lo pasó en la casa de su amigo James, pues ya no soportaba los gritos de su madre acusándolo de traición a la sangre. Sabía muy bien que en la casa de James era bien recibido. Era como un hijo más para la familia. Y ni mencionar la de diversión que tenía junto con James y, de vez en cuando, Remus y Peter, que iban a visitarlos.

Esa mañana se sentía muy raro. No sabía muy bien qué es lo que le pasaba, era algo raro, un hueco dentro suyo. Se sentía vacío. Le hacía falta algo. ¿Pero qué podía ser?

La mañana, se le pasó muy rápido. Cuando Sirius se quiso dar cuenta, eran las 10:45 de la mañana. ¿Por qué le afectaría tanto ese vacío dentro suyo? ¿Qué es lo que le preocupaba? Desvió su vista a la ventana: por Dios, que linda mañana! Así siguió durante unos minutos, observando el paisaje; hasta que, surgido de la nada, un almohadonazo le dio de lleno en la cara, provocando, no solo que se sobresaltara, sino también que perdiera la noción del tiempo y del espacio.

Cuando se recuperó del golpe, no pudo distinguir el lugar donde se hallaba. Solo cuando se dio cuenta de que estaba en la habitación de James, miró a su atacante. No fue su sorpresa encontrar a James Potter parado en el umbral de la puerta soltando una carcajada que parecía interminable. Aprovechando que James había bajado la guardia, y teniendo en cuenta que tenía muy a mano una almohada, le propinó unos cuantos golpes.

De inmediato, comenzó una guerra de almohadas, que terminó en el living (situado en la planta baja de la casa) cuando James terminó en el suelo pidiendo tregua.

-Por favor… Jajaja… No!… No más… A jajá –gritaba James, entre carcajadas que le hacía soltar Sirius con cada almohadonazo.

Sirius solo paró de propinare a su amigo almohadonazos cuando vio una lechuza posada en la ventana. Ésta picoteaba el vidrio cerrado. Rápidamente, Sirius levantó a James del piso y ambos fueron a recibir al ave recién llegada. Sacaron la carta y, como si fueran dos hermanos pequeños, comenzaron a pelearse por ver quién la leía primero. Esta vez, ganó James y, mientras Sirius agradecía a la lechuza y le daba una golosina, la carta estaba siendo abierta con total brutalidad.

-Es de Remus! –dijo James, leyendo las primeras oraciones de la carta- Pregunta si puede venir un día antes del comienzo de clases con Peter por su… Ehmm, problema.

-Por mí no hay problema –comentó Sirius-. Pero te recomiendo que le mandes ahora mismo la carta. Así ya después te olvidas de eso.

-Sí, pienso lo mismo.

Luego de escribir la respuesta a Lupin, ambos amigos desayunaron, se vistieron, y siguieron haciendo de las suyas, practicando sus más atrevidas sonrisitas encantadoras, que más de una vez habían dejado a las chicas de Hogwarts suspirando.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

6:00 a.m.

Severus se encontraba en su casa, donde se despertó sobresaltado por su padre, que solo por fastidiarlo lo había levantado a esa hora.

Severus le odiaba, y aún no entendía cómo no se había ido de su casa hacía mucho tiempo. Sin embargo, su padre no sabía que él no podía usar la magia fuera de Hogwarts, así que mientras durara el secreto, podía amenazarlo tranquilamente.

Se sentía muy miserable por su vida, pero agradecía poder haber heredado la magia de su madre. También agradecía a Merlín haber podido conocer a Lily, su mejor amiga y su amor secreto. Él la amaba tanto, pero se sentía muy mal de no poder estar con ella todo el tiempo de su vida, sabía que ella no era para él. Aún así, hacía todo lo posible por no apartarla de su lado. También la quería como a una hermana, pero sus arrebatos de furia contra los merodeadores la hacían alejarse cada día de su lado.

Mientras pensaba qué poder hacer, su mirada vagaba por toda la habitación, hasta que se detuvo frente a la ventana. Posada en el borde de la ventana, del lado de afuera, y dando picotazos a l vidrio translúcido, había una lechuza muy elegante, de color blanco, como la nieve y con dos manchas en la cabeza.

Sabía muy bien de quién era esa lechuza, cómo no reconocerla. Era de Lily. Fue en ese momento cuando se percató de la hora, había estado sin hacer nada por más de tres horas. Pero eso era lo que le importaba en lo más mínimo, su cabeza solo pensaba en Lily, se había acordado de él, luego de tanto tiempo sin haberse visto.

Con su misma tranquilidad de siempre, se paró y abrió la ventana. Dejando entrar a la lechuza, que se posó sobre los pies de la cama. Le quitó la carta, le dio un dulce y se puso a leer la carta. Casi siempre, Lily era de escribirle dos hojas, y a veces tres, pero esta vez fue solo una.

Querido Severus:

¡Todavía no podía entender cómo es que ya se terminaban las vacaciones, empezábamos de nuevo Hogwarts y no nos habíamos enviado ni una sola lechuza!

Sigo insistiendo en que deberías tratar de llevarte bien con James, Sirius, Peter y Remus, después de todo (y a pesar de que se molestan mutuamente) ellos son mis amigos también. Pero en fin, no debo ilusionarme mucho. No te creas que no sé, tanto como tú, que eso no pasará sino después de muchos años.

¿Cómo has pasado estas vacaciones? Ardo en ganas de volver a Hogwarts, de empezar a estudiar. De volverte a ver a ti, y a mis otros amigos, claro.

Espero que estés bien, espero tu respuesta, y espero que mis esperanzas de que se lleven bien no se debiliten.

Con cariño, Lily

Entre carcajadas, comenzó a responderle a su amiga. Sabía muy bien que la situación entre los merodeadores y él nunca cambiaría. Menos si trataban de alejarla de él. Claro que ella no pasaba todo el tiempo con ellos, pero era mucho más que el que pasaba con él.

Cuando la respuesta estuvo lista, ató la carta a la pata de la lechuza y dejó que ésta partiera vuelo. Sin más nada que hacer, recogió un poco de dinero mágico y se dirigió al callejón Diagon: debía comprar sus nuevos libros.

El callejón Diagon nunca cambiaba: siempre lleno de magos que paseaban de un lugar a otro, de vendedores callejeros, de tiendas abarrotada de gente, y de nuevos y viejos alumnos de Hogwarts.

Se metió en un par de tiendas, compró lo necesario para su nueva estadía en Hogwarts.

Eran las doce del mediodía, y hubiese vuelto de inmediato a su casa, de no ser por un quinteto de chicos que llamaba mucho la atención. Lo único que rescataba y reconocía de ese grupo era cierta chica de cabello como el fuego, que lo miró y dejó escapar una grata sonrisa, mientras caminaba rápidamente hacia él.

Severus se mantuvo inmóvil, estático, hasta donde sabía, la sola mención de Lily Evans lo ponía nervioso.

-¡Hola Sev! –dijo Lily con una gran alegría en su voz, mientras lo abrazaba muy alegremente-¿Cómo has estado?

-Hola Lily –respondió el aludido, separándose de la chica-. Yo he estado bien. No hice nada que pueda llamar tu atención –ambos rieron- ¿Tú cómo has…?

Lamentablemente, en ese momento, los merodeadores se acercaban peligrosamente hacia ellos. Liderados por James, avanzaban decididos, con unas sonrisas pícaras dibujadas en sus bocas.

-¡Vaya, vaya, vaya! –dijo James, compartiendo una de sus miradas cómplices con Sirius- ¡Parece que Quéjicus por fin ha hecho contacto con el mundo humano!

-Vamos chicos –Lily salió en defensa de Severus-, no empiecen una escena. Compórtense, por favor.

-Descuida –repuso Sirius, mirando con malicia a los ojos negros de Severus-, por suerte la pelea es con él. ¿Qué pasa Quéjicus? ¿Tienes tanto miedo que debes dejar que alguien salga en tu defensa? ¿Acaso eres tan cobarde como para usar de escudo a una chica?

Snape no lo dudó un momento. Inmediatamente, apartó a Lily, con un movimiento brusco pero protector y encaró a Sirius, quien estaba siendo contenido por sus amigos (sobre todo por Remus y Peter) para que no explote del odio.

Sin esperar ninguna señal de respuesta, Snape lanzó un fuerte derechazo, que fue esquivado hábilmente por Sirius.

Durante ese instante, se creó un espacio entre los dos de un metro, por el cual pasó una cabellera castaña.

Sirius no podía respirar. Severus no podía hacer nada.

Ambos, sin darse cuenta se habían quedado viendo a la extraña.
¿Quién sería?
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Jace Phantomhive
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Cap 2 El comienzo

Mensaje  Jace Phantomhive el Vie Mayo 04, 2012 6:58 am

Ella y Ginny. Ella y Ginny. Ya estaba harta de que las dejaran de lado para las misiones. Eran las protegidas, las niñas mimadas. En lo único que podían ayudar hasta que Harry fuera reclutado era en el aseo de Grimmauld Place.

¿Qué caso tenía ser miembro de la Orden del Fénix si ni siquiera podían ir a las misiones, o sabotear algo, o entrar de encubierto en algún sitio? La agobiaba pensar que Ron, por ejemplo, que tenía su misma edad, fuera a un montón de lugares, conociera a mucha y gente y participara en algunas misiones.

Estaba harta. Y estaba segura que cuando llegara Harry, nada cambiaría.

Por más que fuese la inteligente del trío dorado, y eso no lo negaba, sus ideas eran las primeras en ser descartadas. Odiaba que le dijeran que no era asunto suyo, o que ni siquiera se metiera.

Por momentos, imaginaba que su vida hubiese sido mucho más fácil si tan solo no hubiese ido a Hogwarts. ¡¿Cómo se atrevía a pensar en eso? De no ser por Hogwarts, ella hubiera sido la "traga", la "nerd" de la clase y no tendría amigos.

Por lo menos de eso se sentía orgullosa: su amistad con Ron y Harry se había fortalecido durante los años y su amistad con Ginny, por suerte, iba en aumento.

La llegada de Harry estaba prevista para dentro de una semana, y el tiempo parecía que volaba, pues cuando todos se dieron cuenta, la semana había concluido. Ojoloco, Kingsley, Tonks y algunos otros aurores eran los encargados de llevar a Harry sano y salvo de Privet Drive a Grimmauld Place.

"¡Al fin!" pensó ella "Una misión en la que solo pueden ir los mayores"

Por suerte, todo salió bien, y Harry llegó muy pronto a la residencia, siendo recibido cordialmente por todos y cada uno de sus amigos. Muchos (como el señor Weasley que estaba allí presente) le preguntaban que clases que cosas hacían los muggles, y otros, simplemente cómo había estado.

Ese día estaba prevista una nueva reunión de la Orden del Fénix luego de la cena y como siempre, los menores no eran bienvenidos.

La cena se tornó divertida luego de que Tonks comenzara a hacer sus múltiples caras, o cambiara de color su cabello. La llegada de Sirius fue algo inesperado para todos. Si bien todos (excepto Harry) lo habían visto antes, su llegada fue sin previo aviso.

Luego de la cena, mientras todos se estaban retirando a sus dormitorios, un par de figuras humanas aparecieron en la chimenea, sobresaltando a todo aquel que se encontraba en la cocina y provocando mucha duda en los que no se encontraban allí.

De la chimenea, salieron Albus Dumbledore, el querido director de Hogwarts que fue bien recibido por todos los presentes, y Severus Snape, el despreciado profesor de Pociones de la escuela.

El ambiente tomó un poco de tensión con la presencia de Sirius y Severus en la misma sala, pero pronto Dumbledore los calmó y saludó a cada uno de los actuales residentes de Grimmauld Place.

Pronto comenzaría la reunión y todos los jóvenes (incluidos Fred y George que se rehusaban a dejar la habitación), se debieron ir a la cama.

-¡Harry, Ron, Hermione! –sonó una voz desde abajo. Los tres se asomaron por el borde de la escalera y vieron a la señora Weasley con una sonrisa incómoda en el rostro-. Chicos, que suerte que los tres están despiertos. Vengan, todos quieren hablar con ustedes.

Con un poco de curiosidad y sorpresa, el trío dorado bajó las escaleras lentamente.

"Seguro quieren hablar de una nueva misión para Harry y Ron" pensaba Hermione "¡No puedo creerlo! ¡Después de todo, siguen sin tenerme en cuenta!"

Los tres entraron en la habitación, y sentaron en los tres primeros asientos que encontraron libres, pues estaban la mayoría ocupados.

-Bueno, chicos –dijo la amable voz de Dumbledore, y todos se voltearon para mirarlo-. Primero, me alegro de verlos de vuelta –sonrió ampliamente y sus ojos tras los lentes de medialuna brillaron intensamente-. Supongo que no saben a qué fueron llamados aquí, ¿o me equivoco?

Los tres se pusieron un poco incómodos, pues minuto antes habían estado tratando de escuchar la charla con las orejas extensibles de Fred y George.

-La verdad, profesor –comenzó Harry- no estamos para nada enterados de por qué se nos ha llamado –sintió como sus mejillas se enrojecían de la vergüenza; no podía creerlo, su mejor amigo estaba mintiendo para salvar sus cuellos y los de los gemelos.

-A decir verdad, Harry –comenzó a hablar Lupin-, a la única persona que queríamos llamar era a Hermione.

Se hizo una pausa que duró siglos en la mente del trío Griffindor. "¿Cómo que Hermione?" pesaba Ron. "¿A Hermione sola?" pensó Harry. "¿Por qué me habrían de llamar a mí sola? Debe ser algo que solo yo puedo hacer, supongo" pensó Hermione, que tenía la cara totalmente pálida y con una expresión de terror inminente.

El silencio se intensificó, mientras todos esperaban las reacciones de los tres amigos. Ninguno movía un músculo.

-¿Y nosotros? –preguntó Ron, saltando de su silla y con los ojos enormes como platos- ¿Qué hay de Harry y de mí? ¿Qué hay que Hermione pueda hacer sin nuestra ayuda?

-¿Te atreves a decir que los necesito a ustedes dos para protegerme? –saltó Hermione, que hervía de la furia, parándose y enfrentando a Ron. ¿Cómo se atrevía a decir eso? Por más que lo quisiera, Ron era un imbécil. No tenía tacto para nada- ¿Quién descubrió cómo se movilizaba el basilisco dentro del colegio? ¿Quién descubrió que en el Lago Negro estaría la segunda prueba del torneo de los tres magos? ¿Quién salvó a Harry de morir tirado por su propia escoba? ¡¿Quién te salvó a TI de morir atrapado por el lazo del diablo? ¡SI TIENES TANTAS HAGALLAS DILO! –estaba tan furiosa, no podía creer que fuese tan obstinado. Las lágrimas corrían por su rostro y no dejaban de salir.

Todos miraban expectantes, hasta que el silencio fue roto. De repente, un rotundo CRACK se escuchó en toda la habitación y Kreacher apareció, con su forma encogida y resentida.

-¡Kreacher! –reaccionó Sirius- ¿Qué estás haciendo aquí?

-Kreacher lo siente mucho, amo Black –dijo el elfo, inclinándose y murmurando insultos a todos y cada uno de los que estaban presentes, pero concentrándose en Hermione, que había parado de llorar- pero debía informarle que los asquerosos niños Weasley han estado revisando toda la casa en busca de un escondite para volar algo –dijo con su voz arrastrada y seca, mientras se dibujaba una sonrisa maliciosa en su rostro.

-¡Oh, Kreacher! –dijo Sirius un tanto disgustado- ¡No andes espiando a los demás! ¡No importa lo que hagan los muchachos! ¡Y no te atrevas a murmurar nada en contra de Hermione Granger! –todos enmudecieron- ¿ENTENDIDO?

-Sí amo Black –dijo Kreacher, que había borrado su sonrisa y miraba a Sirius y a Hermione con rencor. De repente, otro CRACK se escuchó en la habitación y el elfo desapareció.

El silencio continuó durante unos momentos, hasta que Dumbledore habló, calmando el ambiente.

-Volviendo al tema de su llamada –dijo refiriéndose al trío dorado-, creo que deben saber el resto del plan para desbaratar a Voldemort –los Weasley se estremecieron, y Tonks cerró los ojos con fuerza, como si le doliera aquella palabra prohibida-. Como ustedes bien saben, hubo una fuga en masa de Azkaban durante las vacaciones de la cual escaparon muchos de los criminales más peligrosos en nuestro mundo –hizo una pausa, miró a los tres chicos que escuchaban asombradísimos, y prosiguió-. Uno de ellos, más bien una, ha escapado y es la mayor partidaria de Voldemort –nuevamente los estremecimientos-. Su nombre: Bellatrix Black Lestrange o Bellatrix Lestrange.

Los tres se quedaron atónitos, con las bocas abiertas casi hasta el suelo y con expresiones más que sorprendidísimas. Nadie hablaba. Nadie se movía.

-Sigo sin entender –intervino Ron luego de un momento- qué tiene que ver Hermione con todo esto.

-¡Ay! ¡Por Merlín, Ronald! –le gritó Hermione, que se había vuelto a poner tensa- ¿Qué pasa? ¿No puedes aceptar que ya puedo cuidarme sola como siempre lo he hecho?

-¡Yo solo digo que…!

-¡Chicos! –gritó Harry, para hacerse oír entre los gritos de la pelea que volvía a comenzar- ¡Por favor, Ron, compórtate! –le dijo a su amigo, y lo sentó en su silla, mientras le daba una mirada justa a Hermione.

-Discúlpenos, profesor –inquirió Ron, ya más calmado.

El silencio retomó su juego de incertidumbre y misterio, dejando que Hermione se impacientara, y que Harry y Ron se pusieran nerviosos.

-Bellatrix –continuó Sirius- es mi prima –a Harry se le cayó la boca y Ron y Hermione no respiraban-. También es hermana de Narcissa Malfoy, cuñada de Lucius Malfoy y la tía de Draco. Nuestro trato como primos es casi nulo. Nunca nos llevamos bien.

-El asunto es –intervino Lupin- que Bellatrix tortura y mata sin piedad, y es el deber de la orden proteger al mundo mágico de sus futuros ataques, ya que el Ministerio no se quiere hacer cargo. Nuestro plan es… -pausó un momento su charla, como pensando bien qué palabras debía emplear para lo que seguía- el plan… es… -se notaba que no podía hablar. Sea lo que fuera era muy difícil de decir.

-Asesinarla –terminó Severus Snape, con su voz fría y seca, sin sentimiento alguno.

Nadie acotó nada más. El trío de oro volvió a ponerse tenso, solo que por otra cuestión. Si bien la reacción de Sirius había sobresaltado, la forma en la que Severus dijo la misión daba mucha impresión y helaba la sangre.

-¿Pretenden que yo sola mate a Bellatrix? –inquirió Hermione, con un tono sobresaltado y angustiado en la voz.

-¡¿Pretenden que Hermione vaya sola a una muerte segura? –preguntó Ron, que un poco de preocupación en la voz. Hermione lo miró y se preguntó qué le pasaba a Ron, hacía pocos minutos había dicho que los necesitaba a él y a Harry.

-Claro que no estará sola –dijo Sirius, como siendo acusado de algo- ¿cómo quieren que dejemos a una dama en apuros ante tal situación? ¿Acaso no recuerda nadie que tanto yo como Remus fuimos a Hogwarts durante la estadía de Bellatrix?

-También estaré yo, Black, no se olvide de eso –agregó Snape desafiante-. Por lo tanto –pasó a dirigirse a Hermione-, es obvio que deberá v
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Re: Dos Romeos y una Julieta

Mensaje  Keka Potter el Sáb Mayo 05, 2012 1:28 am

¡Wow! Jace, me ha ENTANTADO tu FanFic!!
Me metí a investigar porque el nombre me llamó la atención, y me he enganchado con apenas dos capítulos happy
Espero que sigas escribiendo, lo haces muy bien!! Y ademas has encontrado un tema que, personalmente, me encanta. (El triángulo amoroso James-Lily-Snape) Me encanta, enserio, no dejes de escribir porfavor! Esperaré con ansias los siguientes capítulos, tengo mucha intriga por saber como continuará la historia.
Un Beso.
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cap 3 UNA GRAN DESPEDIDA

Mensaje  Jace Phantomhive el Mar Mayo 08, 2012 3:09 am

l]Bueno, bueno, ya esta listo el tercer capítulo, espero que se disfrute muchio muchio, y animense a dejar RR en serio! porfaaaaa! necesito saber si les va gustando! Quiero aclarar que no va a ser Hermione nuestra relatora, estos dos capis los cuenta ella, o algo asi, pero la historia sera contada por otras personitasss... disfrutenlo, y como bien dicen en ingles: TIME IS MONEY... el tiempo es un MANI

CAPITULO 3

Su decisión había quedado clara para todos. Había aceptado la misión casi suicida que se le había designado. Sus amigos, con muy buenos argumentos, se mostraban en contra de la aceptación de la muchacha, pero al parecer, nadie podía quitarle de la cabeza que ya había aceptado y no cambiaría de opinión.

La tarde de su viaje, la chica había estado pensando muy bien su objetivo principal. También había reflexionado sobre el hecho de que Harry y Ron no podían acompañarla, y había llegado a una conclusión.

Unos minutos antes de irse, Hermione se dispuso a despedirse de sus amigos, que se habían resignado a su decisión y se encontraban en la pieza de Harry y Ron.

Golpeó la puerta y pasó. Al entrar, vio la imagen más conmovedora del mundo, incluso había pensado que era un truco de sus amigos para que se quedara: Ron estaba sentado en su cama y lloraba a cántaros, mientras que Harry y los gemelos lo tranquilizaban. Ginny estaba también sentada sobre la cama y lloraba al igual que su hermano, solo que no tanto.

Ron levantó la vista del piso y posó sus ojos celestes tristes en los marrones de la chica que se hallaba en la puerta. Se levantó de repente y corrió hacia ella, abrazándola cariñosamente.

-¡No te vayas Hermione, por favor! –le rogaba al oído- No soportaría una vida sin ti. No te vayas, por favor.

Hermione correspondió el abrazo y lloró sobre el hombro de su amigo, mientras éste lloraba en el suyo.

-Por favor… –seguía rogando Ron entre sollozos, como si fuera a hacerle caso- Yo… yo… yo te… -balbuceaba palabras sin sentido, aunque se notaba que quería formar una frase pero el llanto no se lo permitía. La soltó y la miró a los ojos- Yo te amo.

El pelirrojo acortó la distancia entre ellos y selló su amor con un beso cálido y tierno. Hermione correspondió también al beso, pues no podía negar que ella también lo quería mucho a Ron. Luego de unos momentos, ambos se separaron y se miraron a los ojos. El chico aún lloraba y la chica lo miraba embobada.

Todos sus amigos se acercaron y le dieron un tierno abrazo, en el que pudo sentir que extrañaría cada gota del amor que le brindaban. Luego abrazó a todos y cada uno de ellos, mientras algunas lágrimas bañaban su cara.

Sabía que le iba a ser difícil, pero no pensó que le costaría tanto aceptar que al día siguiente ya no podría verlos por un buen tiempo.

Los gemelos Weasley, que sabían muy bien que era un momento incómodo, trataron de disminuir la tensión contando chistes o haciendo bromas con sus nuevos artículos. Parecía funcionar bastante bien, pues de un momento a otro, todos estaban descostillándose de la risa. Pero pronto la alegría terminaría, pues un golpe en la puerta los sorprendió. Rápidamente, los gemelos guardaron todas sus bromas, y dejaron entrar al visitante.

Cuando se abrió la puerta, todos pudieron ver al viejo director que les lanzaba una sonrisa de complicidad, incitándolos a reírse junto a él.

-Creo que están divirtiendo –dijo Dumbledore, con una sonrisa pícara en la cara-. Está bien, volveré en un rato.

Solo dijo eso, y se retiró dejando a los jóvenes muertos de risa.

La tarde se les había pasado volando entre risas y bromas. Sabía que los iba a extrañar a todos. Ya era parte de una gran familia que se estaba creando a base de una fuerte amistad, y estaba muy orgullosa de ello.

Luego de la cena, Hermione se decidió dar sus conjeturas a Harry y a Ron sobre el hecho de que ella sola fuese a la misión. Sabía que debía hacerlo, pues aún ambos estaban un poco molestos con los mayores al enviarla sin ningún tipo de protección y a una misión de esa índole.

-Bueno –dijo la chica, que estaba muy nerviosa-, supongo que debemos hablar de la misión –de repente, todo el ambiente se tensó y silenció muy amenazadoramente-. Chicos, créanme si les digo que tampoco quiero ir sola, pero creo saber porqué no los dejar venir conmigo –hizo una pausa prolongada, que terminó con la duda en los ojos de sus amigos-. La primera cuestión que hay que tener en cuenta, Harry –dijo mirando a su amigo-, es el hecho de que iré a la época en la que Lily y James asistían a Hogwarts –su amigo la miró algo confundido.

-¿A qué te refieres?

-Pienso que si estuvieses tú en esa situación, lo primero que harías es ir a conocerlos, hacerte su amigo. Teniendo en cuenta la misión asignada, eso no ayuda mucho. Te dejarías guiar por tus sentimientos y dejarías completamente de lado la misión –su amigo la miró con ojos melancólicos-. En el caso de Ron –dijo mirando a su otro amigo, que la miraba intensamente-, creo que es más bien por la cuestión de que dejas llevar por tu odio hacia algunas personas, como Colagusano, Malfoy, Narcissa, Bellatrix y Snape. En este caso, estaría más que mal que me acompañaras, sabiendo que podrías intentar hacerles bromas y demás.

El argumento que tenía con respecto a Ron era algo vago, lo aceptaba, pero era el único que tenía para despreocuparlo aunque sea un poco. Se quedó estática mirando a sus amigos, quienes la miraban un poco enojados por la visión que tenía de ellos. No negaban que no harían ninguna de esas cosas, pero era duro tener que aceptarlo.

-Es extraño que no haya vuelto Dumbledore –inquirió Harry, que solo se limitó a mirar al suelo-. Es extraño. No volvió en todo el día. ¿Qué querría?

Nadie respondió. Cada uno estaba sumido en sus pensamientos, hasta que una pelirroja entró en la habitación, seguida por un par de bromistas, que sentaron en las camas.

-Dumbledore quiere verte –dijo Ginny, mirando tristemente a Hermione.

La castaña captó el mensaje y se paró muy lentamente. Se dirigió a la puerta y dio las buenas noches a todos.

Estaba bajando las escaleras, cuando un bulto la sorprendió, haciéndola caer escaleras abajo sin ningún tipo de freno. Bajó un piso entero de esta forma, hasta que unas manos heladas y blancuzcas la sostuvieron. Severus Snape la ayudó a levantarse y la acompañó hasta la cocina, sin decir ni una palabra en todo el recorrido.

Cuando entraron a la cocina, en esta estaban el director y profesor Albus Dumbledore, Lupin, Tonks, Sirius y Ojoloco.

-¡Ah, Hermione! –exclamó el viejo director al verla- Me alegra que hayas podido venir. Estábamos creyendo que era quizás un momento inoportuno para llamarte –miró a Tonks disimuladamente, y ésta escondió una mueca de equivocación en el rostro-. ¿Estabas con tus amigos?

-Sí. Estábamos hablando de mi misión, de porqué ellos no pueden ir.

-¿Llegaron a alguna conclusión? –preguntó el director atentamente.

-Creemos que Harry no puede ir solo por el hecho de que van a estar sus padres, y que Ron no debe ir porque se dejaría llevar por sus sentimientos –el director hizo una gran sonrisa y luego habló.

-¡Muy bien señorita Granger! Sabía que tarde o temprano lo descubriría, no esperaba nada menos de usted –Hermione sonrió encantada-. Creo que ya es hora de que sepa unas cosas más para su éxito –le dedicó un guiño a la chica y se dirigió a Remus Lupin.

Lupin se aproximó a la chica. Sacó su varita e hizo que la castaña también la sacara.

-Lo primero que debes saber es que un mago oscuro te matará si tiene la oportunidad. Supongo que sabes qué hechizo utilizaría si quisiera hacerlo, ¿no? –Hermione asintió y miró a Ojoloco. Sabía que no había sido él quien se los había mostrado en el cuarto curso en Hogwarts, pero no podía evitarlo- Puedes hacer dos cosas para protegerte: usar un Protego o contraatacar con un Expeliarmus. El Protego nunca lo hemos usado contra una Avada Kedavra, pero creemos que funcionaría bien. El Expeliarmus, como todos ya sabemos, el único que lo ha usado con buenos resultados es Harry.

-Por lo tanto –continuó Snape-, le recomendamos que use el Protego, señorita Granger.

-¡Pero no se ha probado antes! –saltó Molly Weasley, defendiendo a la chica- ¡Es solo una niña! ¡Enséñenle a usar lo seguro, no lo que es probable! –la señora estaba muy enojada con todos los presentes en esa sala, y se había puesto entre Hermione y el resto, tratando de proteger a la primera.

-Molly –dijo la voz calma de Dumbledore-, no dejaremos que le pase nada a Hermione. La protegeremos con lo mejor que se nos pueda ocurrir, y para eso debemos darle todas las opciones. Luego ella elegirá qué usar en batalla, ¿no es así señorita Granger? –Dumbledore la miró tiernamente, y solo pudo asentir con la cabeza, mientras Molly se calmaba un poco.

Luego de un montón de nuevos hechizos, contra encantamientos y miles de explicaciones, Hermione quedó libre para ir a dormir y recuperar fuerzas, pues al día siguiente viajaría al pasado.

Rápidamente pasó por la habitación de Harry y Ron, y se despidió tiernamente de ambos con un beso en la frente, pues estaban profundamente dormidos. Les dejó una carta de despedida que improvisó con un pergamino roto y un pedazo de carbonilla, y se fue a su cuarto.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Se levantó muy, pero muy rápido, tratando de no despertar a Ginny, pues eran las 8 de la mañana. Se duchó lo más rápido que pudo, se vistió y salió de la habitación.

Silenciosamente bajó las escaleras, y dejó que una lágrima cayera por su mejilla. La secó con el puño de su remera manga larga y se dirigió a la cocina.

El ambiente no había cambiado desde la noche anterior. Snape y Sirius estaban electrocutando al otro con la mirada, mientras Dumbledore y Tonks hacían lo posible por separarlos un poco y hacer reír a todos (excepto al Snape, claro). Aún así, todos volvieron a la realidad cuando Hermione cruzó el umbral de la puerta.

-¡Hermione! –dijo Tonks, que fue la primera en verla- ¿Cómo descansaste?

-Bueno… a decir verdad, no pude dormir mucho –respondió la chica, con un pequeño sonrojo en el rostro-, supongo que estoy algo nerviosa.

-¡Me imagino! –dijo la bruja, mientras la estrechaba en un amable abrazo.

-Sí. Y para recuperar las fuerzas –acotó Molly-, nada mejor que un buen desayuno –y le sirvió en la mesa una gran bandeja llena de tostadas, y con una taza de té caliente. Hermione solo comió un poco, pero se esforzó por terminar el té, para no quedar mal con Molly. Después de todo, era la madre de su Ron.

-Bueno –dijo Sirius, al ver que la chica había terminado de comer y tomar el desayuno- creo que ya es hora de que nos vayamos. Como no eres mayor de edad –dijo con algo de fastidio- no podemos aparecernos. ¿Qué transporte recomiendan?

Todos llegaron a la conclusión de que la mejor manera de llegar era tomar el autobús noctámbulo.

Todos salieron, y esperaron pacientemente a que el autobús llegara. Hermione se volvió a ver la casa, y pudo jurar que vio a Kreacher en una ventana, saludándole. Ella devolvió el saludo y le regaló al elfo una sonrisa. Luego miró hacia otra ventana, y logró ver, mientras la casa se perdía entre los edificios muggles, la cara de un triste pelirrojo que lloraba y la saludaba, mandándole un beso. Ella se lo devolvió, justo un segundo antes de que Grimmauld Place desapareciera de su vista.

Cuando llegaron al Caldero Chorreante, eran las 11:55. Si quería poder comprar las cosas para Hogwarts ese mismo día, debía darse prisa, pues a las 12, el Callejón Diagon se llenaba de gente, y era casi imposible poder conseguir una sola cosa.

Entraron en el Callejón y fueron directo hacia un estrecho corredor, que quedaba frente a Flourish & Blotts. Lamentablemente, debía llevar su enorme valija llena de ropa consigo, pues no podía dejarla en ningún otro lugar.

-Bien –dijo Sirius- ya estamos aquí. Ahora, cuando compres todo y te instales en el Caldero Chorreante, envíale una carta a Dumbledore pidiéndole una entrevista, en la cual le pedirás asistir al colegio, debe ser antes del primero de Septiembre.

-No puedes equivocarte en esta parte –acotó Lupin-. Lo más importante, y tu prioridad en este momento, es lograr entrar en Hogwarts.

Hermione asintió, y Remus le entregó el giratiempo. La chica se lo colocó en su cuello y miró a todos. Comenzó a girar el mecanismo del objeto.

-Suerte –fue lo último que escuchó. Alzó la vista y logró ver a Snape, con una sonrisa de lado en el rostro. Luego de eso, ella se perdió en el tiempo, hasta llegar a su destino.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Se dio vuelta y vio cómo el callejón se poblaba de gente que iba y venía, que entraba y salía de los miles de negocios que enfrentaban la calle.

Decididamente, se encaminó a Flourish y Blotts, pasando por en medio de un pelea, a lo cual ella solo pensó "¡Por Merlín! ¡Qué niños tan inmaduros!", sin darse cuenta que dos muchachos la miraban.

Bueno, no voy a decir nada... si llegan a ver alguna flta de ortografa e pr est tclad d merda... jeeje. asta la próxima.

FELIX FELICIS PARA TODOS

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capitulo 4: extraña no, misteriosa...

Mensaje  Jace Phantomhive el Mar Mayo 08, 2012 3:18 am

Su cuerpo no reaccionaba. ¿Quién podría ser aquella extraña chica? Era muy bonita. Y también muy decidida, justo como su amiga Lily. Su mente estaba en otra parte, al igual que su contrincante. Perfectamente, cualquiera de los dos podía atacar con facilidad, pero les era imposible moverse. Esa chica, sea bruja o no, les había lanzado un Petríficus Totalus infalible. Había algo especial en ella.

James y Lily se habían interpuesto entre los luchadores, pero estos ya no mostraban ganas de pelear. Es más, Sirius había dejado de forcejear con sus amigos, y Severus ya no estaba a la defensiva.

porque James, Peter y Remus habían comenzado a zarandear a Sirius, y Lily le había dado un empujoncito en el hombro a Snape para que éste reaccionara.

-¡Ey! ¿Estás bien? –le gritaba Cornamenta casi en el oído- ¿Qué te pasó?

-¡Ya! ¡No me grites! –dijo un bastante molesto Sirius- Estoy bien.

-Lo siento –dijo un divertido James, que lo miraba algo confundido. ¿Por qué se había quedado tan estático su mejor amigo?

-¡Ey! ¿Qué te pasa? –le preguntó Lily algo preocupada- ¿Por qué te quedaste tan helado?

-Estoy bien –dijo la voz arrastrada de Snape.

-¿Por qué le quisiste pegar a Sirius? ¿Qué te pasa? –le replicó Lily- ¿No vas a empezar a tratar de llevarte bien con ellos?

-¿Por qué te interesa tanto que nos llevemos bien? –dijo Snape, que se había olvidado totalmente del asunto.

-Tú eres mi amigo y ellos me caen bien. Solo intenta acercarte a ellos. Veras que no son tan malos como tú dices.

-¡No! ¡No me voy a juntar con esos lacras! –gritó Snape. Hacía un año que quería decirle lo que pensaba de ellos a Lily, pero ésta no lo escuchaba nunca- ¡No quiero ser su amigo!

Los merodeadores se voltearon y miraron de frente a Snape. Las miradas se cruzaron nuevamente, y nuevamente ardió fuego entre Sirius y Severus. Todos se miraban con profundo rencor, a excepción de Lily, Peter y Remus, que solo miraban para un lado y para otro.

-¿Cómo nos dijiste? –se acercó amenazante James, que le sostenía la mirada a Severus- ¿Piensas que somos unos lacras? –Lily se interpuso entre ellos, protegiendo a James. Severus no podía creerlo: su mejor amiga y amor platónico estaba defendiendo a los merodeadores, sus eternos enemigos.

-Como tú oíste bien, Potter. ¿Y sabes qué más pienso? Pienso que no hay mayor repugnancia que estar en la misma mesa que dos atorrantes, un idiota que no sabe defenderse, un señorito prefecto de Griffindor y una sangre sucia –todos se congelaron, y a Lily se le heló la sangre. Miró con cuidado la cara de su amigo, pero una mueca de desprecio ocultaba su verdadero ser.

-¿Qué… qué dijiste? –preguntó Lily entre lágrimas. ¿Le diría que lo sentía? Pero, ¿por qué no había sentimiento alguno de culpa?- Dime Sev –gimoteaba la chica-, ¿qué acabas de decir?

-Tú me oíste muy bien, sangre sucia.

La miró a los ojos y no pudo soportar ver esa expresión de tristeza y sorpresa en el rostro lloroso de su amiga. Sin poder soportar más la escena que había formado en medio del callejón, entró en Flourish y Blotts.

Sirius no podía creer lo que habían visto sus ojos. ¿Acaso Quéjicus le había dicho sangre sucia a Lily? Lo único que alcanzó a ver luego de que ese cobarde abandonara aquel escenario, fue a la pelirroja arrojarse a los brazos de su amigo James y llorar abrazada a él. Al menos, ahora tenía otra razón por la cual odiar a Snape.

Flourish y Blotts era un verdadero lío, estaba lleno de gente de todo tipo de edades, que iba y venía comprando libros. Los estantes estaban rebosantes de ellos, pero desaparecían sin cuidado. Por suerte le fue muy fácil divisar la cabellera castaña alborotada de aquella chica tan peculiar.

Estaba en un estante bastante cercano a la ventana. Lo único que temía en ese momento era que el grupito de los merodeadores entrara y le hicieran armar un escándalo.

Se acercó lentamente, procurando que la chica no se diera cuenta de su presencia. Se ve que logró lo que quería, porque ni bien pudo estar a una distancia de solo un par de metros, la muchacha se marchó rápidamente hacia la caja y huyó del negocio, seguida de una gran cantidad de gente.

Con un poco de disgusto, compró sus libros y salió del lugar apresuradamente, tratando de no cruzarse con los merodeadores.

Tuvo suerte al entrar en Flourish y Blotts con sus amigos, pues ya no había tanta gente y no se habían terminado los libros que les correspondían. Sin duda quinto año sería genial.

Lo único que no comprendía era la actitud de Quéjicus frente a su amiga de toda la vida. ¿Cómo le había hecho algo así? Posiblemente, sus compañías Slytheryn le había inculcado ese nuevo sentimiento de odio hacia los nacidos de muggles. Era solo una teoría, pero era la más acertada que tenía. Trató de no preocuparse por la chica pelirroja, centrándose en sus amigos, riendo con ellos.

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Poco a poco, la tarde se convirtió en noche, y las noches hicieron que los días pasaran, y la semana concluyó. Al fin volverían todos a Hogwarts.

El primero de Septiembre, el andén 9 ¾ desbordaba de gente. Había mucha gente más que en el callejón Diagon cuando fue a comprar sus cosas junto a sus amigos. Era muy difícil moverse con los grandes baúles, y más difícil aún se hacía encontrar un compartimiento vacío para poder instalarse.

Por suerte, lograron hallar un compartimiento, y allí se acomodaron los cuatro amigos y la chica pelirroja, que se había hecho muy amiga de Remus desde el incidente con Severus.

En el vagón Slytheryn, un grupo de muchachos y muchachas se ubicaba en uno de los asientos, llamando a un chico solitario que se acercaba tímidamente.

Nunca escuchaba sus charlas. Eran tan hipócritas todos y cada uno de ellos. Los detestaba a todos, no quería a ninguno de ellos. La única que lo integraba y lo hacía sentir cómodo era Narcissa.

Narcissa era la novia de Lucius. Tenía cierto talento natural para despreciar a los muggles y a sus hijos, sobre todo a los que llegaban a Hogwarts en busca de aprender magia. Tenía cierta afinidad hacia Snape, pero aún así, no eran amigos. Solo trataba de integrarlo con los Slytheryn, pues no le parecía que tuviera amistades en Griffindor. Era sumamente comprensiva y se daba cuenta si le ocurría algo a alguno de sus compañeros Slytheryn.

Severus se sentó con sus compañeros y se quedó cayado el resto del viaje. ¿Dónde podría estar la chica castaña en ese momento? ¿Iría a Hogwarts con ellos?

-Severus –le dijo Narcissa, que lo miró un poco preocupada-, ¿estás bien? Te veo un poco ido.

-Sí, si –respondió Severus, tratando de parecer convincente-. Estoy bien. No te preocupes.

Con esto último, dejó de hablar y se marchó a buscar a Lily. Se comenzaba a sentir un poco mal después de haberle dicho esa grosería. Sabía que debía disculparse.

-Ya te digo Lily –vociferó Canuto, que estaba parado en medio del compartimiento-, Quéjicus es un idiota.

-¡No le digas así! –gritó Lily, mientras se paraba y lo miraba de forma amenazadora.

El silencio se mantuvo en el aire, entre las miradas de Sirius y Lily.

-¿Por qué lo sigues defendiendo después de lo que te dijo? –preguntó Remus sabiamente, mirando a los ojos a la pelirroja.

Lily no respondió, ante lo cual Sirius continuó bromeando con James. Sin que nadie lo notara, Snape se escondió tras la puerta, mirando tímidamente a la pelirroja, que se veía tan alegre.

Pronto los juegos y risas comenzaron a ir en aumento, y comenzó una terrible justa de empujones entre Lily y James contra Remus y Sirius. Peter solo miraba divertido e hinchaba por quien creía que ganaría. Sirius y Remus se sentaron y siguieron la lucha desde sus asientos. Lily y James, al contrario, se hallaban parados, con mayor ventaja sobre sus adversarios, pues podían usar un poco más de fuerza.

La lucha duró largo tiempo, hasta que James trastabilló haciendo caer a Lily también. El primero quedó sobre la pelirroja, que se había puesto roja como su cabello. Severus salió de su escondite, indignado por cómo trataban esos idiotas a la chica, y miró con odio intenso a Potter. Todos callaron mientras los chicos se levantaban y se sentaban, incómodos y sonrojados, en asientos diferentes. Remus, Peter y Sirius compartieron unas miradas cómplices.

Canuto desvió su vista la puerta, y fue allí cuando su cara se tornó de una cara graciosa a una mueca de enojo.

-¿¡Qué estás haciendo aquí! –le gritó a Snape señalándolo con el dedo y parándose de su asiento, haciendo que los demás voltearan. Salió rápidamente del compartimiento y empujó a Snape, quien le devolvió el empujón.

-¡Basta! –dijo Lily, quien se interpuso entre ambos chicos, defendiendo a Sirius y mirando amenazadoramente a Severus.

-Y yo que venía a disculparme –dijo Severus, con el tono más burlón y grosero que pudo-. Si éstas son las amistades que escoges… -dijo mirando despectivamente a James, Sirius, Remus y Peter.

Pero no pudo terminar la frase, pues nuevamente, la cabellera castaña pasó entre ambos grupos, y se perdió por el pasillo, seguida por la mirada de todos. ¿Quién podría ser? "Por lo menos", pensó Severus, "sé que estudiará en Hogwarts". Se le dibujó una pequeña sonrisa de lado en la cara. Sirius pensaba exactamente lo mismo, y dibujó una sonrisa mucho más vistosa en su cara de Don Juan.

La chica se detuvo en seco, causando la intriga en los rostros de todos. Se dio la vuelta muy lentamente y miró intensamente a Lily y a James.

-Hola –dijo Lily acercándose a la chica- soy Lily Evans. ¿Están bien?

La chica no respondió. Su cara se tornó a una de terror. Lily avanzó un poco más, para tratar de tranquilizar a la chica misteriosa, pero ésta huyó despavorida en dirección opuesta. ¿Qué rayos podría pasarle? Sirius sintió un tirón invisible, que lo empujaba a salir en su búsqueda, pero tuvo que reprimir esa fuerza involuntaria, pues no quería que sus amigos lo vieran así.

Severus, para su suerte, estaba completamente libre de estar donde quisiera. No tenía amigos que lo ataran o parientes que lo quisieran. Simplemente se tenía a él mismo, y él mismo decidía qué hacer en todas las circunstancias.

Giró la vista hacia Lily, que se había dado vuelta y volvía a su compartimiento. Pronto, todos los merodeadores y la muchacha se hallaban sentados, echando miradas de odio hacia Severus, quien aún estaba parado fuera del compartimiento.

Fulminó a todos con la mirada y se fue por la misma dirección por la que se había ido la chica.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

-¿Hola? ¡Tierra llamando a Canuto, Tierra llamando a Canuto, adelante Canuto! –lo sobresaltó la voz de James, que imitaba los sonidos de los comunicadores inter espaciales con mucha exactitud.

-¿Eh? ¿Qué?

-¡Oh, ya sé lo que te pasa! –dijo Remus, que lo miró pícaramente, con un toque de diversión en sus ojos y una sonrisa de lado que demostraba que sabía muy bien de lo que estaba hablando. Todos lo miraron, pero nadie entendió a que se refería Lunático, a excepción de Sirius, que lo miró aterrado.

¿Cómo hacía su amigo para darse cuenta de todo tan rápido? ¿Se estaría refiriendo a la chica misteriosa? ¡Pues claro! Si no, ¿a qué más podría estarse refiriendo?

-No sé de qué me estás hablando –dijo Sirius cortante, desviando la mirada hacia la ventana, pues sus ojos decían toda la verdad.

-Me parece que estoy en lo cierto –dijo Remus, desafiándolo y acercándose más a su amigo- ¿Seguro que no sabes de qué estoy hablando?

Ya no podría replicarle: si lo miraba a los ojos, su mirada bastaría para que se diera cuenta de que estaba totalmente en lo cierto; si decía que no y no lo miraba, podría tomarse como una mentira. Se limitó a observar el bello paisaje que recorría el tren, mientras las risas de sus amigos volvían a escucharse. Sintió como una cálida mano se posó sobre su hombro, pero no se atrevió a mirar de quién era.

Remus se daba cuenta de todo. Era casi imposible ocultarle algo, él se enteraba tarde o temprano lo que ocurría. Aún así, no era tan malo que se diera cuenta así de rápido de todo lo que pasaba a su alrededor, pues era muy buen consejero, e indirectamente daba pistas sobre el asunto en cuestión.

L a mano le dio unas palmadas en la espalda y se alejó, dejándolo sumido en sus pensamientos. "Ojalá que entre en Griffindor" pensaba "Ojalá que entre en Griffindor. Ojalá que entre en Griffindor". Así se quedó pensando hasta quedarse dormido, perdiéndose en un profundo sueño, en el cual pudo volcar todos sus sentimientos e inundarlo de nuevos deseos.

-¡Ey, Sirius! ¡Despierta!

-¿Eh? ¿Qué… qué pasa? –dijo adormecido, tratando de identificar esa voz que le era tan familiar. James no era, tampoco Peter. ¿Sería acaso Remus?

-¡Ey! Ya llegamos a la estación, todos están bajando, ¡levántate! –abrió los ojos y comprobó que era Remus quien le hablaba. Miró a su alrededor y vio el compartimiento vacío. Dirigió su vista a la ventana, y vio como un millar de alumnos caminaban sin cesar. Sin pensarlo dos veces, se levantó como pudo, se refregó los ojos y tomó su baúl.

Salió del tren con Remus, tratando de encontrar al resto, pero ya todos se habían ido. Con suerte, llegaron a tomar la última de las carrozas. En ella, estaban sentadas dos niñas que parecían de segundo y una chica más grande que evitaba sus miradas.

Sirius se congeló en el acto y un leve rubor subió a sus mejillas. Las dos niñas conversaban animadamente sobre lo que querían aprender durante el año mientras los dos chicos se sentaban al lado de la castaña. Remus, notando lo nervioso que se había puesto su amigo, se sentó entre él y la castaña, que miraba hacia el paisaje de Hogwarts.

Las dos niñas se había callado, pero miraban con intriga a la castaña y murmuraban cuchicheaban cosas muy por lo bajo, casi inaudibles.

-Hola –se dirigió Remus a la misteriosa que se hallaba a su lado. Sirius lo miró con desesperación, tratando de que no continuara. La chica solo miró al suelo del carruaje, y no profirió de su boca ningún sonido. Remus siempre había tenido el don de la palabra, sabía muy bien cómo usarla y cuando-. Tranquila. Yo soy Remus Lupin –extendió la mano a la chica, pero ésta solo la miró con nerviosismo e inseguridad. Sirius le quitó la mano de un tirón y a mirada de la chica saltó hacia Sirius.

-Déjalo –lo amenazó, apuntándolo con la varita. ¿Cuándo la había sacado? Sirius soltó el brazo de su amigo y miró confundido (al igual que Remus) a la castaña, quien había bajado la varita y había vuelto a la misma posición de antes.

-No le iba a hacer nada –acotó en su defensa-. Somos amigos, jamás le haría nada.

La chica no respondió. Las niñas habían vuelto a su charla, mientras miraban de reojo a la chica mayor.

-¿Cómo te llamas? –preguntó Lupin a la castaña. Su reacción fue una sorpresa para todos: pidió que la carroza se detuviera y bajó de ella. Comenzó a caminar a paso veloz, mientras la carroza retomaba viaje, dejándola atrás.

-Que chica extraña ¿no? –murmuró Remus a su amigo.

-No, extraña no, misteriosa –dijo Sirius, dando por finalizada la conversación, y ganándose una mirada de complicidad de parte de su amigo.


Espero que les haya gustado, porque pongo mi corazon en cada palabra del texto, cualquier cosita, ya sea duda, opinion o critica, no sean timidos y hanganmela saber... sin mas que decir, besos, abrazos y mucho pero mucho FELIX FELICIS para tooodos...
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Re: Dos Romeos y una Julieta

Mensaje  Helena Bonham Carter el Lun Mayo 14, 2012 2:51 am

me encanta, esta genial, siempre me intereso este tema, sigue escribiendo asi.
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Re: Dos Romeos y una Julieta

Mensaje  Jace Phantomhive el Sáb Mayo 19, 2012 3:44 am

Bueno, bueno. Recien saco del horno el capiulo. No tuve mucho tiempo para revisarlo asi que si no les gustó algo haganmlo saber, y siguen encontrando faltas de ortografia, mil disculpas...

¿Por qué diablos se había puesto tan nervioso frente a la chica? Había ido tras ella en el tren, y sin embargo ninguna palabra salió de su boca en el momento en que la tuvo frente a frente. Luego de unos segundos, la chica había huido nuevamente, perdiéndose entre los alumnos.

También le jugaba en contra la ausencia de su amiga de toda la vida, Lily, quien le daba una confianza interior inimaginable. ¿Por qué le habían salido del alma ese par de palabras? ¿Qué lo había incitado a decirlas? Lo único que sabía era que no podía sacar de su cabeza a la chica castaña tan misteriosa.

Volvió entonces a su compartimiento, donde se sentó frente a la ventana y miró el largo camino a Hogwarts, sin escuchar los comentarios fuera de lugar de sus compañeros serpientes. Los paisajes eran variados: había muchos árboles, lagos, montañas y verde por doquier.

El viaje le pareció muy corto. Pasó a ser de noche y pronto llegaron al colegio de magia y hechicería, donde los esperaban los profesores, las clases y las nuevas tareas.

Sin esperar más, tomó una carroza en la que iba un grupo de Slytheryns, que lo recibieron con gratitud. No se sentía muy bien entre el grupo de serpientes, pero su casa era la única que lo hacía sentirse respetado entre las demás casas.

El Gran Salón estaba repleto de miles de personas que iban, venían, se paraban, se sentaban y hablaban con otros. Pronto divisó un lugar vacío en su mesa, al cual se dirigió para que no se lo ganase nadie más.

El grupo de alumnos al que él llamaba "amigos" (pero que realmente no lo eran), compuesto por Lucius, Bellatrix, Narcissa, Crabe, Goyle y otros Slytheryns, se sentó a su lado y comenzaron a charlar con él, preguntándole cosas como "¿cómo te ha ido?" o "¿tienes planeado algo nuevo contra los Gryffindors?"

Su mente no estaba en ningún lugar, solo les respondía lo que sabía querían escuchar y miraba hacia otro lado.

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¡Qué suerte que sus amigos les habían reservado un par de lugares! Se sentía orgullosísimo de haber elegido a esos amigos para que lo acompañen en su vida mágica. Se sentía orgulloso consigo mismo por haber encontrado personas tan parecidas a él, y tan diferentes al mismo tiempo.

-¡Oye! ¿Me permite hacerle una pregunta, querido Canuto? –dijo James en forma arrogante y chistosa a la vez, mientras hacía una reverencia exagerada hacia los recién llegados.

-¿A qué debo el honor mi queridísimo Cornamenta? –respondió Sirius, con la misma reverencia y el mismo tono con el que había hablado su amigo.

-¿Ya tienes alguna travesura planeada para este año? –le dijo James mirando hacia la mesa Slytheryn, y centrándose en un chico encorvado, con cabello negro y ojos de ese mismo color. Pronto, giró la vista para encontrarla con los ojos de su amigo, pero éste no veía hacia su objetivo- ¡Ey! ¿Escuchaste algo de lo que dije?

-¿Eh? ¿Qué? –dijo Sirius algo confundido, pues se había quedando viendo a una chica morocha de Ravenclaw que lo miraba de forma muy coqueta- ¡Ah, sí! ¿Cómo no voy a tener nada planeado para nuestros queridísimos amigos de verde y plata? Luego te cuento.

-¿Nunca vas a cambiar, no Sirius?

-No, Lunático, nunca cambiaré –dijo Sirius entre risas, mientras que tomaba asiento junto a su amigo James.

Mientras todos se sentaban, el silencio se iba apoderando de la habitación. Dumbledore, el director, se adelantó de la mesa de profesores y comenzó a hablar.

-¡Bienvenidos de regreso, queridos alumnos! ¡Y bienvenidos también quienes comienzan el día de hoy las actividades escolares! Quisiera comenzar por recordarles que el bosque prohibido está prohibido para todos los estudiantes –hizo una pausa y se detuvo en las miradas de Sirius y James, quienes reían pícaramente-. Por otra parte, lamento decirles que no va a haber profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras hasta mitad de año –muchos murmullos y protestas se escucharon a lo largo del comedor, pero Dumbledore los acalló con su voz-. Ahora sí, pasaremos a la selección de los nuevos alumnos de primer año.

El ritual de selección de casas comenzó aburrido como siempre, y mientras los niños se sentaban en sus respectivas casas, dos pares de ojos, unos grises, y otros negros, buscaban una enmarañada y castaña cabellera. ¿Dónde diablos podía estar esa chica?

Terminada la selección de los cursos más pequeños, el director Dumbledore nuevamente se alejó de la mesa de profesores, sorprendiendo a todos los alumnos que esperaban ansiosos los deliciosos manjares que solo Hogwarts podía ofrecerles.

-El día de hoy –comenzó a hablar el director-, tenemos una selección muy particular, pues a entrado en este año una nueva alumna que cursará quinto año en este colegio. Por favor, denle la bienvenida a la señorita Emma Granger –una chica se levantó de la mesa Hufflepuff, y se acercó al taburete donde yacía el Sombrero Seleccionador. Tenía la melena alborotada y de color castaño, con unos ojos castaños también, y una cara bondadosa y bonita.

La chica se sentó en el banquillo mientras Minerva McGonnagall le colocaba el sombrero en la cabeza. El silencio inundó el Gran Comedor, y nunca nadie estuvo más expectante a lo que podía llegar a pasar hasta ese momento. Por fin, luego de un largo tiempo de espera, una voz cortó con el silencio, reclamando el hogar de la chica.

-¡HUFFLEPUFF! –gritó el sombrero seleccionador, pero la chica no se movió de su sitio.

La mesa Hufflepuff aplaudía con orgullo y muchas ganas, recibiendo a la joven bruja.

En el preciso momento en que la chica comenzó a caminar, dos muchachos de diferentes casas se pararon y la miraron intensamente. La joven se frenó en seco y miró a ambos chicos. Las miradas se cortaron en el mismo momento en que Dumbledore se paró y comenzó a aplaudir a la chica.

Inmediatamente, todo el salón se levantó de su sitio y aplaudió con gozo a la nueva alumna que entraba en Hogwarts.

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Un nuevo día comenzaba, y con él un nuevo año de clases. Todos andaban de un lado para otro. Yendo a la biblioteca, volviendo de ella, yendo a los salones, volviendo de ellos, yendo a las salas comunes, volviendo de ellas.

Sin embargo, tanto Sirius como Severus estaban pendientes de una sola cosa: aquella chica misteriosa, que aparecía solo para el desayuno, luego para las clases, y luego desaparecía, para volver solo a la hora de la cena.

Aún así, nada de esto impedía que Sirius no se preocupara por el equilibrio emocional de los Slytheryns. Por suerte, tenía varios planes bajo la manga para usar durante el transcurso del año e, incluso, para el siguiente.

Había estado durante todas las vacaciones perfeccionando sus hechizos, realizando pruebas y modificando planes, y había llegado a la conclusión de que Quéjicus debía ser su primera víctima durante el año. Claro que no sería la única vez que le hiciera algún embrujo, pero por algo se debe empezar.

Reclutó a sus amigos en la sala común luego de terminadas las clases y les contó lo que tenía planeado. No era un gran plan, pero era solo para advertirles a los Slytheryns que los merodeadores habían vuelto.

-Bueno, ¿qué tienes en mente Canuto? -preguntó James, pero la respuesta de su amigo fue un fuerte ¡SHHHH! y luego una cara de discordia. Sirius hizo un ademán para que se acercaran, pues nunca se sabía cuando podía entrar alguien o cuándo podía llegar Lily, quien seguía defendiendo a Severus.

-Quéjicus –dijo Sirius en voz muy baja, y vio cómo se dibujaba una sonrisa maliciosa en los labios de James, mientras que Peter se tensaba y Remus ponía una cara de insatisfacción-. TODOS deberemos ayudar esta vez –le dijo a Remus, luego de ver esa cara-. Aunque no te guste, deberás ayudarnos.

Remus quiso levantarse e irse, poniendo como excusa que tenía que ir a buscar algo en la biblioteca, pero fue detenido por James y Sirius. Se sentó irritado y enojado, mientras miraba de reojo a Sirius, que comenzaba su plan.

-Es algo sencillo. ¿A dónde se va Quéjicus siempre?

-A la biblioteca –respondieron sus amigos al unísono, pero cada uno con un tono de voz y un sentimiento diferente.

-Bueno, la idea es que, mañana, ustedes dos –señaló a Peter y a Remus con el dedo- se tropiecen con él mientras está entrando en la biblioteca. Entonces, James lo inmoviliza mientras yo le hago un hechizo de levitación –terminó esto y miró instintivamente a James, quien sonreía de oreja a oreja de forma muy maliciosa.

-Creo que se puede cambiar la última parte por dos hechizos más poderosos-dijo Remus, a lo cual todos lo miraron con asombro y abriendo muy grandes los ojos-. ¿Qué? ¿Qué tiene? Quieren mi ayuda, ¿no?

-¡Genial! –saltó James, abrazándolo a Lunático, que sonreía alegremente.

-Sí, lo sé, lo sé –dijo Remus de forma egoísta y poniéndose serio nuevamente-. Yo propongo que Sirius use un hechizo de advertencia, un Desmaius. Por instinto, Snape sacará su varita, y entonces James le lanza un Expeliarmus. Cuando ya no tenga la varita en la mano, láncenle algo poderoso, no un simple Levicorpus. Debe ser algo más…

Lunático no terminó la frase, pues una chica de cabello de fuego había entrado a la sala común. Los miró con lástima a todos menos a Remus. Todos estaban en silencio, hasta que la chica subió las escaleras y entró en la sala común de las chicas. Cuando no hubo moros en la costa, los muchachos volvieron a mirarse.

-Entonces, ¿qué hechizo…? –comenzó Colagusano, pero James le tapó la boca como pudo, pero el otro se resistía con fuerza.

-¡Cállate, idiota! –le dijo James, mientras le reprimía los gritos- ¿Acaso no sabes que las paredes tienen oídos? –esto lo dijo señalando hacia las saleras, más precisamente hacia la habitación de las chicas.

Luego de que salieran de allí, Lupin terminó de hablar

-¡Ya se! Láncenle un Epoximise y lo pegan a la pared. Supongo que se quedará allí pegado durante un buen rato, hasta que alguien lo libere. Quiero aclarar que…

-Nunca hemos tenido esta conversación contigo –respondieron Colagusano, Cornamenta y Canuto al unísono, haciendo que Remus se impacientara.

-¿Y si atacamos ahora? –propuso Peter, a lo que James y Sirius sonrieron con mucha picardía.

-¡Sabía que no debíamos juntarnos con ustedes dos! –dijo Lupin, sorprendiendo a sus amigos- Son una mala influencia para nosotros dos. Por ejemplo: a mí nunca se me hubieran ocurrido maldades como esas que he dicho, y Peter jamás se habría entusiasmado tanto con una idea suya –terminó de hablar y comenzó a reír ruidosamente y sin parar, seguido luego por sus amigos, mientras bajaban la Gran Escalera.

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¡Al fin! Las clases a habían terminado, y un joven solitario, de cabellos negros se dirigía rumbo a la biblioteca. Ese había sido su sitio predilecto hacía mucho tiempo en el cual podía pensar y leer a sus anchas. Lo sentía todo armonioso en su interior: los bancos, los estantes de libros, los murmullos de los alumnos, como si todos hubiese estado así desde siempre y acomodado así a propósito.

El pasillo hacia la biblioteca estaba completamente vacío, por lo que no se molestó mucho cuando dos Gryffindors chocaban con él, haciendo que caigan todas sus cosas. Sin importarles mucho, se agachó y comenzó a recoger todos sus libros y pergaminos. Tuvo que soltar todo nuevamente en el momento en que un hechizo e dio en la espalda, haciendo que cayera, luego de oír "¡Desmaius!".

Como pudo tomó su varita y apuntó a su agresor. No había llegado a decir nada cuando, de pronto, su varita saltó de su mano y fue a parar a la de su enemigo James Potter. Su cara se transformó en odio puro y pudo observar que el muchacho no estaba solo, sino que estaba con su guardaespaldas Black. ¡Cómo los odiaba!, sobre todo a Black.

-Canuto ¿harías los honores? –rió Potter y Black le siguió la broma con un movimiento de varita.

Severus pudo ver cada segundo desde que el hechizo Epoximise era lanzado, hasta el momento en que chocó contra algo en el aire. "Un momento" pensaba Severus desde el suelo "¿Qué pasó…? ¿El hechizo se detuvo? Pero, ¿cómo?".

Nadie entendía lo que pasaba, hasta que de la biblioteca salió Emma, la chica de la cabellera misteriosa, que tenía en alto la varita, y apuntaba hacia el escudo. Su cara era de puro fastidio y reprobación. Se acercó lentamente hacia el escudo, y cuando estuvo lo suficientemente cerca, deshizo el Protego y lanzó dos rápidos Expeliarmus, de los que los tres chicos no pudieron darse cuenta.

Las tres varitas salieron despedidas de las manos de los Gryffindors, haciendo que quedaran sobre la de la chica. Nadie podía creer lo que estaba pasando: ¿una chica enfrentando a los dos galanes de Hogwarts? ¡Algo allí estaba mal!

Con algo de confianza, Sirius se acercó a la chica y tomó su varita. La muchacha se la devolvió, pero se apresuró a poner un escudo entre ellos luego de dársela.

Sirius, aún así, no comprendía lo que pasaba. ¿Acaso lo había vencido una chica? Y no solo una chica. ¡Lo había vencido una chica de Hufflepuff!

También fue devuelta la varita de James, quien se fue ofendido hacia la sala común de los leones seguido por Sirius. Por último, Emma devolvió la varita a Severus y lo ayudó a levantar sus cosas.

El chico la miraba. Lo había salvado de quedar pegado en algún sitio esperando a ser rescatado. Lo que menos podía hacer era agradecerle.

-Gracias.

-No hay de qué –contestó la chica. Por primera vez, la voz de la muchacha era oída por Severus, quien creía estar encantado con un coro celestial-. Si te molestan de nuevo no dudes en llamarme. Soy Her… ¡EMMA! Emma Granger –dijo la chica, estrechando su mano.

-Soy Severus Snape. Lamento que hayas tenido que…

-¡Descuida! Ya salvé a mis amigos de miles de estas situaciones –ambos rieron por un tiempo-. Bueno, debo irme. Hasta luego –lo saludó con la mano y se fue hacia la sala común Hufflepuff.

Debía conocerla. Al menos, ella sabía que él existía, y con eso, por el momento, le bastaba.



? QUÉ LES PARECIÓ? no me gustó mucho (a mí) la parte de la travesura.. jeje, pero no se me ocurria nada.

Sin mas nadaque decir... Besos, abrazos y mucho mucho FELIX FELICIS.


Con cariño, (muajajajajaaaaaa CRUCIO!)
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Re: Dos Romeos y una Julieta

Mensaje  Jace Phantomhive el Miér Mayo 23, 2012 5:00 am

por que no hay comentarios?
U_u No No No No No
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Re: Dos Romeos y una Julieta

Mensaje  Jace Phantomhive el Jue Mayo 24, 2012 3:06 am

Bueno, bueno, bueno. PERDON! no tenia mucha inspiracion, y no tenia mucho tiempo para armar el capi, asique, disfrutenlo... si tienen dudas, o simplemente no les gustó ( X( ), haganmelo saber che, sii?

La semana había pasado rápidamente, y en el colegio Hogwarts de magia y hechicería ocurría lo que nunca ocurrió, y creaba un gran revuelo: la casa que había ganado más de 300 puntos en solo una semana era ¡Hufflepuff! La seguían de cerca Griffindor y Ravenclaw, pero por una diferencia de 100 puntos, casi inalcanzable. Lo más extraño era que la chica nueva era quien estaba llevando a los tejones a la gloria poco a poco. Aún así, todos se preguntaban lo mismo: ¿No tendría que estar en Ravenclaw?

La chica seguía su vida como si nada a su alrededor ocurriera. Respondía en todas las clases, excepto cuando le ganaba Lily Evans o algún Ravenclaw. Seguía con su habitual ritmo de todos los días, imposibilitando a los que querían hablar con ella.

Aún así, Severus y Sirius no se rendían, y trataban de alcanzarla.

Sirius estaba algo nervioso, y le preocupaba mucho pues nunca se había puesto nervioso al tratarse de una chica. Claro que había estado con muchas de las chicas en Hogwarts, pero ésta era la primera que no suspiraba en cuanto lo veía. Él le dedicaba las mejores sonrisas, las autenticas, cuando nadie lo veía, pero la chica solo miraba hacia el frente de la clase y escuchaba al profesor.

Severus, al menos, sabía que Emma lo defendería. No es que le agradara la idea, es solo que le daba coraje saber que alguien se preocupaba un poco por él. Otra cosa que sabía es que no le agradaban ni James ni Sirius, o al menos lo suponía. Debía hablar con ella cuanto antes. ¿Y si lo había defendido por lástima? Eso era lo de menos para él. Cuando hablaron un poco, la chica se mostró amable y segura. Debía encontrarla.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Esa agradable tarde de domingo, todos estaban afuera. No había ni un alma dentro del castillo, o al menos nadie la había visto. Pues en la biblioteca, una chica buscaba algo nerviosa un libro en la sección prohibida.

Sirius, lamentablemente, debí terminar un ensayo de Herbología, y debía consultar un libro que tenía Peter. Para su pesar, Peter ya lo había devuelto a la biblioteca. Sin ganas y arrastrando los pies, el muchacho rompecorazones se dirigió hacia su destino.

La biblioteca estaba desolada, no había nadie a sus ojos, pero estaba abierta la reja de la sección restringida. Se adelantó a cerrar la reja, pero se detuvo en seco unos segundos antes de siquiera tocar el frío metal. Unos libros se habían caído de un estante, y una chica se había arrojado al suelo a levantarlos.

Sirius avanzó un poco más, tratando de no hacer un solo ruido y tiró a propósito una pila de libros. La chica se sobresaltó y giró rápidamente hacia atrás. Miró a Sirius y volvió a su búsqueda. Sirius, algo confundido, recogió los libros que acababa de tirar y los acomodó en los estantes. "¿Le hablo?" pensaba "¡NO! ¿Acaso no fue ella quien nos desarmó a James y a mí?"

-¿Me pasas ese libro verde? –la voz de la chica lo sacó de sus pensamientos. La miró por un momento y tomó el libro que la muchacha señalaba. Se lo alcanzó- Gracias. Por cierto, el libro de Encantamientos que acabas de acomodar va allí –la chica señaló un estante bastante elevado, y Sirius acomodó nuevamente el libro.

-¿Por qué defendiste a Quéjicus? –preguntó el chico. Había tenido esa pregunta rondando en su mente desde su encuentro anterior en la biblioteca.

La chica lo miró con enfado.

-¿Por qué lo estaban molestando?

-Touché –admitió Sirius, tocando su pecho con una mano-. No lo sé. Simplemente nos gusta ver a los Slytheryns humillados.

-Esa no es razón para molestar a alguien –Sirius bajó la mirada-. Lo defendí porque no podía permitir que ustedes se fueran con la suya-la chica bajó la voz, intentando que el muchacho no la escuchara-. Creí que serían más maduros los merodeadores en este entonces.

-¿Perdón, dijiste algo? –preguntó Sirius, seguro de haber escuchado un murmullo.

-¿Qué? ¡NO! No dije nada –la muchacha estaba muy nerviosa y se notaba aún si se la viera desde kilómetros de distancia.

-¿Estás bien? –Sirius no sabía qué estaba pasando, la chica había comenzado a lagrimear de un momento a otro.

-Si… digo, no… si… sí, estoy bien –la chica lloraba y el llanto no la dejaba terminar las frases. Se adelantó un poco y abrazó a Sirius, dejándolo atónito.

Lentamente, Sirius correspondió al abrazo y sintió como un calor inundaba su cuerpo. ¿Acaso estaba abrazando a Emma Granger, la chica que hacía que él suspirara y se perdiera en el mundo del ensueño? Sí, era verdad, no era un sueño. De la nada, ese sueño acabó, pues la muchacha se separó bruscamente secando sus lágrimas, que salían sin parar.

-Yo… lo lamento –se disculpó, pero Sirius no hizo caso a su disculpa. No tenía que disculparse, todo el mundo llora, ¿o no?

-No es por parecer grosero o inmiscuirme en tu vida, pero ¿por qué llorabas? –el silencio inundó la habitación, y el muchacho de ojos grises se arrepintió de haber formulado aquella pregunta- Lo siento, no es necesario que me contestes. Soy un idiota.

-No es algo que deba contarte, es complicado –la chica lo miró detalladamente, mirando cada rasgo que habitaba en su cara.

-¿Qué pasa? ¿Por qué me miras tanto? –preguntó Sirius algo contrariado. Se sorprendió a sí mismo por esas preguntas. Generalmente, cuando una chica lo veía a la cara, él preguntaba cosas como "¿Te gusta lo que ves?" con un tono sensual y armonioso, y las chicas se derretían con esos ojos y sus sonrisas. Pero, por alguna razón misteriosa, esta chica hacía que se pusiera nervioso en el momento en que sus ojos lo miraban.

-Oh, nada –respondió la castaña, apartando rápidamente la vista-. Es solo que me recuerdas a alguien que conozco, un gran amigo –la muchacha rió. Sirius la miraba algo confuso: primero lloraba de la nada y ahora reía de la nada también. Cuando la chica se calmó un poco, tomó aire y continuó hablando-. Lo lamento.

-No te disculpes, a mí también me pasa –Sirius rió para sus adentros, reconociendo un poco algunos detalles de su amigo Remus en la personalidad de la chica.

-¡Diablos! –dijo la muchacha, mirando hacia la ventana: estaba comenzando a anochecer- Debo irme, lo lamento. Hablaremos otro día –y sin más nada que decir, la chica salió corriendo de la biblioteca, dejando en su interior a un muy confundido Sirius Black.

Luego de un rato, volvió a la sala común Gryffindor, donde se hallaban sus amigos y nadie más. Estaban bromeando como siempre, pero se callaron en cuanto Canuto entró en la habitación, para luego continuar hablando y riendo. Sirius se sentó frente al fuego, seguido de sus compadres, y éstos llamaron su atención, con un pequeño detalle que había olvidado.

-¡Oye! ¿No habías ido a la biblioteca? –preguntó Remus, atento a todos los detalles de la habitación.

-Sí. ¿Por qué? –una mirada confusa fue dirigida a Lunático de parte de todos sus amigos, que no entendía a qué iba el caso.

-¿Qué, aún no se dieron cuenta? –habló Lupin a James y Peter- ¡Mírenlo! –los dos muchachos comenzaron a mirar a Sirius de arriba abajo, haciendo que se incomodara bastante.

-¡Tienes razón, Lunático! –saltó James, luego de mucho tiempo de meditación sobre el asunto- Si fuiste a la biblioteca, ¿dónde está el libro que ibas a sacar, eh?

¡EL LIBRO! Lo había olvidado por completo gracias a la charla con Emma. ¿Qué diablos podía decir para que no se dieran cuenta sus amigos? Solo con tener a Remus sabiendo del asunto le bastaba, y no quería que empezaran también James y Peter.

-¡Oh, cierto! Me olvidé completamente –"Mejor no dar ningún tipo de explicación que involucre detalles, ¿cierto?" se preguntó algo confiado.

-¿Se te olvidó? ¿Así de simple? –preguntó Remus, con una voz muy pícara, y un brillo especial en los ojos. ¡Maldito Lunático! ¿Por qué quería saber más?- ¿No hay nadie más involucrado en este dilema?

La rabia y la preocupación crecían, y se sentía a punto de explotar en contra de sus amigos. Lo malo, era que cuando eso ocurría su forma humana cambiaba, dando paso a una forma de perro salvaje y negro como la noche. Tuvo que hacer un gran esfuerzo por controlar su ira, y contestó a las preguntas que le hacía su amigo.

-Sí. Así de simple. Solo se me olvidó. ¿Contento?

Remus solo lo miró con picardía, para luego propinarle una buena palmada en la espalda.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

La sala común Slytheryn estaba en completo silencio, a pesar de que había varias personas en su interior. Todos en silencio, a excepción de una muchacha, que se acercaba riendo, seguida por un grupo de alumnos, hacia un chico solitario, de cabellos cual carbón.

El muchacho, levantó su vista, para chocarse con la maligna mirada de Bellatrix Black. Por suerte, la chica lo ¿apreciaba, le tenía cierto afecto, cariño tal vez? Ni siquiera él podía saber con qué palabra distinguir el vínculo entre ellos.

La chica estaba precedida por Malfoy, su hermana y los idiotas de Crabe y Goyle, todos dos años más grandes que Severus. Narcissa, se hallaba tomada de la mano de su novio Lucius y lo miraba de vez en cuando con mucha ternura. Éste, por su parte, solo la miraba de reojo y le dedicaba algunas sonrisitas casuales.

Lucius y Narcissa se sentaron junto a Severus, mientras los otros tres se sentaban en frente. Severus comenzó a incomodarse, como siempre que estaba con ellos. Cada vez que querían hablar con él era solo por la tarea, y a veces ni siquiera por eso, sino solo para hablar de sus futuros en las líneas del Señor Tenebroso. A Severus le daban náuseas cada vez que hablaban de ello; le tironeaba el cerebro, indicándole que no escuchara, y al mismo tiempo sus oídos no hacía caso.

La risa de Black se detuvo de repente, haciendo que todos los presentes en la sala levantaran la mirada. En cuanto Lucius la miró a los ojos, la chica asintió segura y nerviosamente repetidas veces.

-Severus –comenzó Lucius. Sabía muy bien a dónde iba a terminar toda la charla-, queríamos hablar contigo sobre…

El chico no aguantó más. Tomó sus cosas y se fue de ese lugar como un rayo. ¿A dónde podía ir? "¡Ya sé!" pensó, mientras salía de la sala común "Trataré de encontrarla. Tal vez podamos hablar de algo". Se dirigió rumbo a las cocinas, pues cerca de allí estaba la sala común Hufflepuff, y esperó a que alguien saliera o entrara de por ahí cerca.

No tuvo que esperar mucho tiempo, pues un alumno vestido con los colores de los tejones se acercaba por el pasillo. Inmediatamente, Severus se adelantó, produciendo un terror y un nerviosismo anormal en el muchacho.

-¿QUÉ QUIERES? ¡No me golpees, por favor! –le rogaba el alumno de Hufflepuff, tirándose hacia atrás- ¡TE JURO QUE NO LE HICE NADA A NADIE!

-¡Tranquilo! No grites –dijo Severus, acallando al chico, que se calmó un poco, aunque no dejaba de mirarlo con temor-. Quería pedirte que te fijaras si se encuentra en tu sala común una chica de quinto llamada Emma Granger. Necesito hablar con ella.

-¡Oh, Emma, ya la busco! –dijo el muchachito, perdiéndose por el pasillo. La chica se había vuelto un poco popular entre los Hufflepuffs por sus logros, así que todos los pertenecientes a esa casa la conocían. Luego de unos momentos, salió de nuevo del lugar por el que se había ido- Lo siento, no está por aquí.

-Oh, gracias.

Severus se fue desilusionado del lugar, buscando alguna compañía placentera con la que hablar. Estaba perdido en su mundo, cuando una pelirroja pasó a su lado, chocándose con él y haciéndolo tirar todo lo que tenía en las manos.

-¡Cuánto lo siento! ¡Discul… pa…me! –la chica lo reconoció en el mismo momento en que lo vio, y sus ojos reflejaron la ira y la decepción- Hola Snape –dijo en un tono cortante que al chico no le gustó en lo más mínimo.

-Hola Lily –la pelirroja lo miraba fijo, haciendo que el chico se pusiera muy nervioso-. ¿Cómo… has estado?

-Muy bien, gracias –habló más cortante y arrastrando las palabras-. ¿Por qué te diriges a mí por mi nombre? No te permito hablarme si me vas a llamar como si fuera tu amiga –a Severus le dolieron tanto esas palabras, que agachó la cabeza y tornó su expresión de alegría en una mueca de disgusto-. Me voy, adiós Snape.

La muchacha salió disparada hacia las escaleras. "¡¿POR QUÉ DIABLOS SE ME CRUZÓ POR LA CABEZA DECIRLE ALGO TAN GROSERO EN EL CALLEJÓN DIAGON?" pensaba, mientras se culpaba internamente. Se dirigió a la biblioteca, pero ya habían cerrado durante ese día. Sin más nada que hacer, se dirigió al Gran Comedor, pues la cena empezaría en cualquier momento.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Un nuevo día comenzó para todos los habitantes de Hogwarts. El desayuno estaba preparado, y los alumnos llegaban rápidamente para saciar su hambre. La alegría desbordaba de la mesa Gryffindor, pues ese mismo día, comenzaba el primer súper clásico de Quiditch: Gryffindor vs. Slytheryn. Mientras las dos casas enemigas se echaban chispas y se asesinaban con los ojos, los favoritismos iban apareciendo entre Ravenclaw y Hufflepuff.

De entre las tres casas amigas, nunca en la historia de Hogwarts había pasado que alguien tuviera como favorito para el Quiditch a Slytheryn, y esto armaba un gran revuelo, que se extendió en todo el Gran Comedor en solo cuestión de segundos: la pobre de Emma Granger era el centro de todos los ojos de Hogwarts, solo que la miraban con intriga, mientras que una pregunta aparecía en los labios de todos los leones, águilas y tejones: ¿Qué diablos le pasa a esa chica? ¿Acaso está loca?

La chica era indiferente a todas las miradas que se posaban sobre ella, como si ya hubiese pasado por muchas situaciones iguales. Ella solo comía su desayuno, mientras todo el mundo la evitaba. En ese mismo momento, el chisme estaba llegando a oídos de un grupo de 4 alumnos de la casa de los valientes, que dejaron de reír al instante.

-¿Qué le pasa a esa chica? ¿Acaso no sabe que los mayores tramposos en la historia del Quiditch son esas serpientes? –preguntaba defraudado Sirius.

-Quizás alguien le dirá pronto –acotó Peter, sin darle importancia al asunto.

-No lo sé –continuó Sirius que miraba a la castaña, un poco decepcionado y triste-. Creo que debe haber una explicación acerca de todo esto. Pero bueno pasó a mirarlo a James, que estaba frente a él-, ¿preparado para hacer sufrir a esas asquerosas serpientes? Luego debo contarles algo extremadamente secreto, así que –sus amigos comenzaron a tomarle más atención a sus palabras-, ni bien termine el partido, debemos ir a ustedes saben dónde.

Sus amigos asintieron, dibujando una sonrisa divertida y pícara en sus rostros, pues todos sabían que debían ir al séptimo piso a una habitación muy especial.

Chan chan chaaannnnnnn... jeje, que misterio, no? arre, bueno, los dejo, por que como bien dicen en ingles: TIME IS MONEY... EL TIEMPO ES UN MANÍ.

Besos, abrazos y mucho mucho FELIX FELICIS!
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Re: Dos Romeos y una Julieta

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