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Luna Lovegood y la Orden del Fenix

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Luna Lovegood y la Orden del Fenix

Mensaje  Eirian Lovegood el Dom Ene 29, 2012 4:27 am

Dedicada a Flitt, considerarlo como la continuacion de la investigacion aunque no es esencial haberla leido. Nota aclaratoria, Albus Severus no aparece en este fic.

Un año transcurrido, un año de cambios sin contratiempos. Draco Malfoy, líder del extinto grupo de los Mortifagos, se hallaba en Azkaban tras una exhaustiva recuperación en San Mungo donde se recupero de la criostasis a la que le condenó accidentalmente su hermano. Fue un accidente que los Aurores que se presentaron en el lago para el trasporte de lo que hasta ese momento se dio como un cadáver, se fijasen en el pequeño movimiento espasmódico del ojo a través del hielo.

Fue una recuperación especialmente dolorosa, los cristales de hielo habían destrozado casi completamente a nivel celular el cuerpo de Draco, pero aunque no fuera un Piromago como su hermano, contaba con cierto factor de curación que le ayudó en el proceso de regeneración.

Tras la convalecencia bajo vigilancia en San Mungo, fue trasladado a Azkaban con una condena de permanencia eterna. Sus crímenes por separado ya de por si eran graves, pero en conjunto sumaban tal atrocidad que ningún miembro del Wizengamot se opuso a la condena, incluso alguno propuso con vehemencia que se le encerrase junto a los dementores, propuesta desechada de inmediato por su crueldad.

Scorpius lo visitó una única vez, a puerta cerrada, Harry, Luna y Eirian se quedaron en la puerta a petición del joven Malfoy. La visita duro una hora aproximadamente, en la que no se oyó absolutamente nada. Justo cuando Harry fue a ver qué ocurría, Scorpius salió con la seriedad que le caracterizaba en compañía de adultos y fue directo a la puerta.

Nadie le pregunto sobre su conversación y él no dio señales de querer hablar de ella por lo que pronto cayó en el olvido, todo volvía a su rutinario cauce y nadie tenía tiempo para pensar en lo que podría haberse hablado en aquella conversación. Hermione estuvo más ajetreada que nunca al tener que escribir varios discursos para Kingsley y organizar las ruedas de prensa correspondientes para dar a conocer el encarcelamiento e identidad del líder de los mortifagos.

Ginny no vio su vida laboral tan ajetreada, dado el carácter deportivo de la misma pero si pudo apreciar el continuo ir y venir de Skeeter, lo que no auguraba nada bueno. Sus intentos por saber en qué estaba trabajando fueron infructuosos, nadie sabía en qué estaba trabajado. Las protestas de Dolores Umbridge cesaron en el mismo instante en que la varita de Draco fue destruida por lo que se dedujo que estaba bajo algún tipo de maleficio y se interrumpió su vigilancia constante por parte del cuerpo de aurores.

Ron pidió una excedencia en el trabajo para cuidar de Hugo, el nuevo miembro de la familia Weasley. Fue la propuesta que habían acordado él y Hermione años atrás, uno dejaría su puesto de trabajo para cuidar al bebe y el otro trabajaría. Cuando Rose nació, fue Hermione la que dejo su trabajo en el departamento de cooperación mágica internacional.

Harry por su parte, era como si estuviera de excedencia también. Su jornada se había reducido bastante gracias al encarcelamiento de todas las amenazas. Prácticamente cenaba todos los días en casa y en ocasiones llegaba para comer. Era un periodo de calma bien merecida para ellos tras arrastrar una guerra vivida, otra adolecida y el inicio de una tercera que por suerte se evito. Estaban en su perfecto derecho de una etapa de tranquilidad, tal y como afirmó Bill en la fiesta que hicieron tras el juicio de Draco.

En Hogwarts las cosas eran algo más agitadas debido al torneo de los tres magos que por primera vez en veinte años volvía al colegio, tras haberse reiniciado en Durmstrang tres años atrás. No era el mejor año para ser nombrado el director más joven de la historia de Hogwarts, pero Eirian no se desanimó, porque Mcgonagall y Neville actuando como Subdirectores fueron de gran ayuda para llevar a cabo la organización de todas las pruebas, y el retrato de Dumbledore le enseñó el hechizo de marca de edad para evitar que algún menor intentase acceder al Cáliz de fuego.

Aunque para su desgracia podía evitar que algunos alumnos participasen en la selección lo que provocó la visita de una airada y furiosa Ginny Potter, por la selección de James como campeón del colegio.

La charla nada amigable que tuvieron sobre las pruebas no dejó de ser algo cómica para Luna, que observaba a ambos sin meterse en medio, estaba muda incluso a nivel mental.

- ¡Por Merlín, Ginny! El año que viene entrara en la academia de aurores, no es precisamente un crio sin cerebro. He visto las notas que ha tenido todos estos años en las distintas asignaturas, tiene el nivel suficiente para ganar, y sobra para sobrevivir, te lo garantizo.- dijo Eirian hastiado de esa conversación y mirando a Luna en el otro extremo del despacho, que ahora estaba mirando por la ventana. Se tapaba la boca con la mano pero sus ojos la delataban.- ¿Te lo estás pasando en grande? ¿Me equivoco?

- No, tú pocas veces erras en tus conclusiones- dijo Luna mostrándole su sonrisa más radiante.

- Ya tengo suficiente con un Potter en ese condenado torneo.- susurró Ginny bajando la cabeza. Eirian la miró con comprensión.

- No le va a pasar lo mismo que a Harry, lo prometo.- dijo Eirian levantándose y poniéndose a su lado. Luna también se levantó aunque mucho más lentamente, por el bulto que cargaba. Dos manitas no tardaron en aparecer entre las sábanas agarrándose al suéter azul de su madre e intentando trepar hasta su cara.

- Vamos Alicia, tranquiliza a tu tía, y dile que no pasará nada.- dijo Luna mientras dejaba a la pequeña en brazos de Ginny. Esta se quedo prendada casi de inmediato con la mirada gris azulada y penetrante que le lanzaba la pequeña con una mata de pelo dorado, que le caía en graciosos bucles. Tenía los ojos de su padre, tal vez algo más azules, pero con la expresión de sorpresa de Luna.

- Pero ¿Quién es esta pequeñaja? –pregunto Ginny sorprendida mirando de hito en hito a la niña, a Luna, a Eirian y de nuevo a la niña en un bucle continuo.

- El nuevo miembro de la familia Lovegood- dijo Eirian mientras le tendía el dedo a su hija que lo atrapaba como toda una profesional del Quiddicht.

- Ginny, te presento a Alicia Selene Lovegood.- presentó Luna mirando con ternura a la pequeña criatura que se revolvía entre las mantas intentando salir de ellas.

- Nació ayer, la muy granuja nos despertó a las dos de la madrugada, y como ibas a venir nos pareció mejor que se lo dijeses tú a Harry y a los demás.- dijo Eirian.

- ¿Es que este colegio no puede tener un Halloween tranquilo? – se preguntó Ginny mientras jugaba con la niña.

-¿Y qué tendría de divertido?- pregunto a su vez Luna cogiendo de nuevo a la niña.

- Oh, sí fue muy divertido que un trol atacase a Hermione, o que yo ordenase al Basilisco que matara.- exclamó con ironía.

- Vamos Ginny, el pasado debe ser dejado atrás, solo podemos aprender de él, no compadecernos de lo que ocurrió.- dijo Eirian acercándose a la chimenea y lanzando un puñado de polvo verde que hizo brotar las llamas esmeraldas de una moribunda estufa.- Y ahora si nos disculpas, Luna tiene que dormir a la pequeña y yo tengo que ir a dar algo de ánimo a James, aún no me explico cómo te has enterado tan rápido.

- Neville- contestó Ginny mientras entraba entre las llamas y estas la hacían desaparecer- Nos vemos en Navidad.

- Tenia que imaginarlo- murmuró Eirian- Voy a tener que confiscarles esas condenadas monedas o decirle a Hermione que no debería haber sido tan aplicada, ¿Cuánto tiempo llevan funcionando? ¿Un cuarto de siglo?

- Aproximadamente- afirmó Luna con una sonrisa mientras le mostraba su falso galeón con la inscripción "James nuevo campeón" Se acercó a la puerta y esta se abrió sola.

- Que calladito te lo tenías. Hazme un favor, ya que no quieres dormir en la enfermería, ¿te importaría ir por Hogsmeade?, no veo muy seguro al Sauce Boxeador estos días, y menos si llevas a Alicia en brazos. – dijo Eirian dándole un beso en la mejilla.

- Esta bien, pero hoy no llegues tarde.- accedió Luna despidiéndose y bajando las escaleras.

-No puedo prometer eso- murmuró Eirian cerrando la puerta.- Tengo demasiadas cosas que hacer esta noche.- se acercó a su escritorio y con un golpe de varita hizo aparecer el mapa del merodeador, o eso parecía a simple vista, porque en realidad era una copia mejorada por Hermione para no solo tener a la vista todo Hogwarts y sus habitantes, sino que también de Hogsmeade y lo más importante, La casa de los Gritos. Un regalo por su nuevo trabajo, o eso había dicho Hermione al dárselo, le había sido de una enorme utilidad el día anterior, pues pudo ver claramente como el punto de Luna se dividía en dos y se empezaban a formar un nuevo nombre por encima del de su esposa. Así pudo saber que Luna estaba de parto, por lo que ya a estaba a medio camino de la casa cuando le alcanzó el patronus de Luna informándoselo. Pero ahora no iba a vigilar a Luna, tenía pendiente una charla con James por su nombramiento.- ¿Algún día tendrá que explicarme cómo se las apañó para hacer este trabajo?- Preguntó sin quitar la vista del mapa.

- Nadie dijo que fuera a ser una labor sencilla.- contestó con afabilidad el retrato de Dumbledore.

- ¿Cómo evito que James se mate? Y lo más importante ¿cómo lo hago sin que los otros directores se den cuenta?- preguntó jocoso Eirian pasando las páginas del mapa.

- Deberías escuchar vuestras propias palabras, confía en la destreza y capacidad del joven Potter.- respondió Dumbledore con el mismo tono.

- Fácil seria seguir esas palabras pero ambos sabemos en qué consisten esas pruebas, y su padre tuvo ayuda para poder conquistarlas. Y las de Harry fueron bastante simples en comparación con las que han inventado para este torneo.- comentó Eirian recordando las enormes cajas que habían llegado el mes anterior y que aguardaban en el interior del Bosque Prohibido. Se echó atrás el pelo en un intento por serenarse, no le convenía estresarse. Entonces vio el punto que buscaba, cerca del séptimo piso junto a Luna y Alicia.- ¿Qué estará haciendo esos dos en el séptimo piso?- se preguntó.

- La señorita Lovegood siente una especial predilección por esa zona del castillo, por su significado.- comentó Dumbledore.

- ¿La sala de los menesteres?

- Correcto.

- Debí imaginarlo, pero qué hace James ahí arriba, debería estar con los otros campeones. Es peor que su padre. Voy por él antes de que lo encuentre Filch y lo castigue sin decírselo a nadie. Ese hombre debería estar jubilado y no vigilando niños.-masculló Eirian mientras iba a la puerta. Se detuvo pensativo un instante y retrocedió para cerciorarse.- Sí, llegaré más rápido- murmuró por lo bajo, más para sí mismo que otra cosa. Un segundo después una lechuza dorada salía volando por la ventana y giraba en dirección a otro torreón cercano. Unos minutos después Eirian Lovegood y James Potter entraban por la puerta.- Te lo repito James, no tengo la menor idea si la sala de los menesteres sigue existiendo, y no quiero que te emperres en descubrirla o redescubrirla o el termino que prefieras, puede que creas que te has librado de los EXTASIS y que tienes todo el tiempo del mundo para tus aventuras particulares, pero todo ese tiempo lo emplearás en las pruebas. Y no pongas esa cara, te aseguro que necesitarás cada segundo de estudio del que dispongas.- dijo con seriedad Eirian mientras se sentaba con cansancio en el sillón y se frotaba la frente.

- Eres peor que mi madre y tía Hermione juntas- murmuró por lo bajo James sentándose en la silla delante de escritorio que le separaba del director. Este solo pudo reírse roncamente, llevaba dos días sin dormir y empezaban a pasarle factura.

- ¿Peor que tu madre y Hermione? Lo dudo mucho. No sé si lo sabes, pero desde que tu dichoso nombre surgió de ese Cáliz del demonio, tu madre y tu tía han estado sobre mí como buitres para que te sacara del torneo por cualquier método. Gracias a mí no te han llevado a rastras a casa. Ahora hazme el favor de pensar un poco en tu pobre director antes de inscribirte en un torneo mortífero de nuevo.- masculló Eirian cansado y divertido.

- Creía que Rose se lo había inventado.- dijo James

- Tu prima debe tener oídos en las paredes.

- O un novio que tiene línea directa con la mujer del director- bromeo James.

- ¡Merlín!, que cotillas que sois.- dijo Eirian levantándose- Venga ya terminaremos esta conversación en otro momento, ahora debes descansar.- James se levantó de su silla y vio como Eirian golpeaba accidentalmente un pergamino. Lo recogió antes de que tocase el suelo.

- Se te ha caído esto- dijo tendiéndoselo, pero Eirian miró el pergamino como si no supiera de que le hablaba.

- Eso debe ser tuyo- cortó Eirian dirigiéndose a la puerta. James desenrolló el pergamino y descubrió para su asombro que era las descripciones y los planos de las tres pruebas. Miro con asombro a su tío pero este no le miraba, tenía los ojos fijos en el reloj.- Venga, antes de que Filch haga su ronda. Y mañana te convendría hablar con Scorpius, sus diseños son muy útiles, ya sabes, para ser auror.

- Hasta mañana.- se despidió James sin acabar de creerse lo que tenía en sus manos. Eirian cerró la puerta tras él y se quedó pensativo delante de ella.

- Ni una palabra, solo hago lo necesario.- dijo en voz alta sin dirigirse a nadie. Bien podía estar hablando con Dumbledore o diciéndoselo a sí mismo. Suspiró profundamente cuando la puerta se abrió y James desde el umbral le ofreció el pergamino.

- No es mío, debe ser de Luna- dijo a modo de saludo, depósito el documento en las manos del director y salió de nuevo cerrando la puerta. Eirian miró con perplejidad la puerta por la que acababa de irse su sobrino. De pronto se puso a reír y, sin parar ni querer hacerlo se sentó en su sillón.

- Es hijo de su padre, no hay duda.- murmuró con los ojos cerrados y una sonrisa en el rostro.

- ¿Era eso lo que pretendías?- pregunto Dumbledore desde su retrato.

- No, de forma directa no. Lo que quería era mantenerlo lo mejor preparado que pude, no quiero perder ningún alumno en mi primer año, y menos a uno de mis sobrinos.- contestó Eirian apoyando la cabeza contra el respaldo.- Pero confiaba en que se negase a aceptar este tipo de ayuda.

- Por eso le has sugerido que hable con el joven Malfoy.- conjeturó el retrato.

- Tan audaz como siempre. Sí, Scorpius ha resultado ser un brillante diseñador e ingeniero. Sus diseños serán de mucha utilidad a James en las pruebas. Y lo mejor de todo, no va contra las normas el que yo ayude a Scorpius con sus trajes.- añadió complacido.

Los días y semanas posteriores fueron un absoluto caos para un director primerizo como Eirian. Debía mantener el colegio tranquilo y libre de incidentes lo que ya era complicado debido a la ingente cantidad de alumnos inexpertos y potencialmente peligrosos, pero también había que añadir que prácticamente tenía que hacer malabares con el ministerio, la planificación de las pruebas, además de mantener un ojo encima de sus campeones.

James se mantenía en el límite comportándose aparentemente como un alumno modelo, mientras hacía visitas nocturnas tanto a la séptima planta como a la casa de los gritos donde Scorpius guardaba los trajes. Una imprudencia que le había costado ya demasiados puntos.

La primera prueba se acercaba así como aumentaba la tensión a la que estaba sometido Eirian. Tenía que evitar perder los estribos, hacia un año que Ripper no daba señales de vida y pretendía duplicar esa marca si era posible. No tenía ninguna intención de comprobar que haría un sociópata como él en un colegio lleno de niños. La noche anterior a la primera prueba Eirian y Luna estaban en el despacho del primero buscando un libro.

- ¿Entonces Alicia está con Neville?- preguntó Eirian bajando una caja de uno de los armarios.

- Si, Hannah le ha hecho una visita y desde que Silvia se marchó a hacer investigaciones en Brasil, han estado un poco solos.

- ¿Por eso les has dejado la niña esta noche?- preguntó con una sonrisa- Eres demasiado buena para este mundo. Toma, mira, a ver si está en esta caja.- dijo dándole otra caja del interior de un armario.

- ¿Por qué no me casaría con alguien más ordenado?- suspiró divertida mientras abría las solapas y se encontraba con una ingente cantidad de cuadernos. Abrió unos cuantos y los encontró llenos de dibujos y bocetos. Algunos eran antiguos, otros bastante recientes. Abrió otro cuaderno y se encontró con un dibujo a carboncillo de una chica, no tendría más de diecisiete años, era en blanco y negro pero los ojos brillaban como si tuvieran vida propia. No le costó descubrir quién era. Eirian tenía un lugar reservado para ella, aunque lo intentase ocultar. Sonrió y pasó la página, era la misma chica aunque más mayor, fue pasando una tras otras encontrando un dibujo para cada año, fue como ver a alguien envejeciendo ante ti. Iba por la mitad del cuaderno cuando apareció otra chica, ella misma, con su sonrisa perpetua y sus ojos sorprendidos, se veía parte del vestido que llevo en el baile del ministerio tantos años atrás, cuando lo vio por primera vez. El resto del cuaderno eran dibujos de los dos juntos y en la última página estaban los tres abrazados, ella, Eirian y Alicia en el centro.- No me habías dicho que dibujases tan bien.- dijo Luna mostrándole los cuadernos, Eirian se puso blanco al descubrir que cuaderno estaba viendo.- ¿Aún la quieres?- preguntó sin perder la sonrisa. Eirian le daba la espalda pero notó como la conexión se hacía más tenue y fría.- No tienes que ocultarlo, lo entiendo.

- ¿Cómo lo vas a entender si ni yo lo comprendo?- preguntó Eirian con voz ronca y en un tono prácticamente inaudible. Seguía buscando en los armarios para no tener que darse la vuelta y encararla.

- Fue tu primer amor, es el que deja la huella más profunda.- explicó Luna acercándosele por detrás. Posó delicadamente su mano derecha sobre su hombro. Notó como la tensión le abandonaba y se relajaba significativamente.- Pero ¿sabes una cosa? Prefiero como han ocurrido las cosas.

- ¿Por qué?

- No seré tu primer amor, pero soy inmensamente feliz siendo el último.- contestó Luna obligándolo a darse la vuelta y abrazarlo con todas sus fuerzas. No tardó en ser correspondida. Eirian la atrajo aun más si es que eso era posible hundiendo su ensombrecido rostro en la melena rubia de Luna, aspirando su aroma embriagador y tranquilizador.

- ¿Por qué no seremos una pareja normal?

- Lo normal es aburrido, y yo te prefiero con todos y cada uno de tus defectos. Ahí está la verdadera perfección en encontrar divertido y atrayente las imperfecciones de tu amor.- Respondió Luna sin soltarle.- Por cierto ¿Desde cuándo dibujas así?

- Siempre lo he hecho. Mis padres querían que estudiase arte, pero se me daba muy bien la ingeniería y hubo otra razón para decantarme por esa rama menos artística.- dijo Eirian acariciándole la espalda con ternura, hacía tiempo que no estaban en esa postura, las nuevas obligaciones de Eirian y el nacimiento de Alicia habían mermado el tiempo que estaban juntos.

- Selene. Un día de estos tendrás que presentármela, al fin y al cabo era tú mejor amiga, eso no puede cambiar y ahora las cosas son distintas.- dijo Luna

- Intenté matar a Gabriel, no creo que tenga muchas ganas de verme.- murmuro, pero Luna detecto cierto tono jocoso.

- Viviste con dos aurores y aún no sabes que se desmemoriza a todo el mundo.- le recriminó en son de burla.

- ¡Eres mala!- bromeó Eirian agarrándola por la cintura y elevándola en el aire. Empezó a dar vueltas como loco para divertimento de Luna que no paró de reír hasta que sus pies golpearon un aplique de la pared.- ¿Te has hecho daño?- preguntó dejándola en el suelo. Ella se frotó el tobillo dolorido pero le sonrió. Estaban tan concentrados el uno en el otro que no vieron como el aplique volvía a su posición original y parte de la pared desaparecía transformada en humo plateado dejando un hueco en ella.

- Estoy bien, pero parece que tengo más fuerza de la que aparento.- dijo Luna señalando la pared. Los dos miraron el hueco que había aparecido, en cuyo interior, depositado en un pedestal de cristal se hallaba un cuerno que formaba una espiral con un zafiro en el centro. Mediría cerca de metro y medio de alto.

- Este castillo tiene demasiados secretos para mi gusto.- dijo Eirian sachando el cuerno con precaución y dejándolo en el escritorio.- Y como no, él único que podría explicarnos que es esto ha decidido dar una conferencia en el ministerio justo hoy ¿Desde cuándo da charlas este hombre?- pregunto retóricamente señalando el cuadro vacio sobre su sillón.

- ¿Crees que será de un snorkack de cuernos arrugados?- pregunto Luna emocionada con un brillo muy especial en sus ojos saltones.

- Me gustaría que fuera así, lo dijo en serio. Sé lo mucho que has luchado por demostrar su existencia, pero me temo que esto es un cuerno de dragón. No reconozco la especie pero te aseguro que es de dragón. Esas estrías laterales son inconfundibles.- dijo Eirian examinando de cerca el cuerno y fijándose en la gema que estaba suspendida en la punta del asta.

- ¡Vaya hombre! ¿Desde cuando sabes tú más de criaturas mágicas que yo?- pregunto falsamente indignada poniendo los brazos en jarras.

- Soy un piromago, tengo debilidad natural por esos magníficos animales. ¿Sabías que mi patronus es un dragón ártico? – se excuso sin dejar de mirar aquel objeto tan extraño.

- ¿Cuándo ha cambiado?, sino no recuerdo mal era una liebre

- Buena pregunta, lo utilicé ayer y apareció el dragón, me quedé tan sorprendido como tú.

- La última vez que lo usaste fue hace más de un año. Y dices que es un dragón ártico, parece que tu nuevo poder ha hecho cambiar tu patronus.- Explicó con simpleza Luna.

- Eso de nuevo poder ¿Es un eufemismo?- bromeó Eirian que sabía que desde que se manifestase esa peculiar habilidad con el hielo no había sido capaz de controlar el fuego, al menos no de la forma a la que estaba acostumbrado y tampoco era capaz de terminar de dominar el hielo que se mantenía impertérrito con sus intentos salvo alguna estalactita de generación espontanea.

- Solo tienes que practicar más. Y hablando de ello, Hermione me envió una lechuza esta mañana, dice que los inefables tienen en sus archivos algo parecido a lo que te ocurre, la semana que viene le darán acceso para sacar los documentos.

- Al menos conoceré la historia de esta condena tan maravillosa.- dijo con media sonrisa.

- La consideras maravillosa porque de no haber sido por ella, serias un Malfoy de pura cepa y seguramente no estaríamos juntos.- dedujo Luna besándole la mejilla.

- Por eso me case contigo.

- ¿Por mi perspicacia? Creí que fue por mi enorme atractivo.

- ¿No sabes de los beneficios de ser modesta?

- Soy muy modesta, pero ahora solo repito lo que tú me dices continuamente.

- ¿Cuándo he dicho yo eso?

- Vamos, lo dices a gritos continuamente, tendrías que controlar un poco tu mente y los instintos ya de paso.- dijo jocosamente y riéndose de cómo Eirian se ponía rojo de pies a cabeza, contrastando enormemente con su cabello platino.

- Acabo de recordar que no sabemos porque tiene esa joya flotando sobre la punta del cuerno.- cambió de tema Eirian entre toses y mirando hacia otro lado. Sacó su varita de la funda de la manga y se la puso en los labios con aire pensativo.

- ¿Y si usas el encantamiento revelio maxima?- propuso Luna aguantándose la risa.- Te mostrará toda la historia del objeto desde que se fabricó.- Eirian la miró con atención y después miro el artefacto.

- Revelio Maxima- pronuncio apuntando con la varita al cuerno. Luna al ver el movimiento abrió los ojos como platos y se lanzo contra él.

- ¡NO! ¡ESE NO ES EL MOVIMIENTO!- gritó mientras se tiraba sobre él. Pero ya era tarde. El cuerno empezó a vibrar emitiendo un suave brillo rojizo. El aire se volvió denso y frio. Las ventanas estallaron hacia afuera y una fuerte corriente de aire se coló por ellas. La habitación se convirtió en un huracán en miniatura. El artefacto seguía vibrando cada vez más rápido, ya apenas era algo más que un borrón rojo encima de la mesa. El brillo se intensificaba a cada segundo proyectando su color sanguinolento por toda la habitación que no era más que un revoltijo de papeles volando en círculos. Una mesilla de finas patas salió volando y golpeó a Luna en la cabeza dejándola inconsciente. Eirian trato de protegerla con su cuerpo cuando el viento paró de golpe y por el rabillo del ojo vio como el cuerno se detenía y su tono rojo se convertía en azul tan intenso e hiriente como el de una supernova. Entonces explotó convertido en una vorágine de luz y ruido ensordecedor. Eirian cubrió como pudo a Luna pero algo lo levantó del suelo, una fuerza invisible e increíblemente poderosa. Sus manos se separaron de los hombros de su esposa y notó una corriente de aire alrededor de su cuerpo, la luz seguía asaetándole las corneas sin compasión, apenas veía lo que tenía a su alrededor, de refilón pudo ver pasando bajo sus pies el campo de Quiddicht a una velocidad asombrosa. Era como estar en un túnel caleidoscópico, veía luces de miles y millones de colores pasar ante sus ojos, a veces entre los fragmentos de colores se veía el mundo a su alrededor. Eirian pudo comprobar cómo el suelo comenzaba a acercarse peligrosamente. Y entonces un frio atenazador le envolvió el cuerpo era como si le clavasen agujas en cada rincón de su piel, la oscuridad comenzó a nublarle la mente, atrayéndole hacia ella. Intento mantenerse despierto pero le fue imposible, ha más se resistía más caía en la inconsciencia hasta que la oscuridad le engulló por completo.
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Eirian Lovegood
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Re: Luna Lovegood y la Orden del Fenix

Mensaje  Eirian Lovegood el Lun Ene 30, 2012 2:06 am

Capitulo 2 - Dolor de Cabeza



Presión. Presión y frío. Su cuerpo no sentía otra cosa que presión y frío. Su mente vagaba sin rumbo entre la oscuridad y el frío. Una sensación atenazadora le bloqueaba la garganta. Algo le impedía respirar, él mismo. Sus manos le tapaban la boca y la nariz con una fuerza que no creía conocer. Abrió los ojos para encontrarse en un mundo de verdes oscuros y luces ondulantes.
Se sentía ingrávido, no sabía que estaba arriba y que abajo, solo el frío parecía tener presencia en todo aquel mundo flotante. Formas fugaces cruzaron el límite de su visión borrosa, figuras alargadas de movimientos limpios y eficaces. El tipo de movimiento que se espera de un depredador inteligente.
Intento alejarse de ellas pero sus manos no le respondían, se negaban a separarse de su cara. Sus piernas se convirtieron en plomo, cada sacudida, cada minia agitación le costaba un increíble esfuerzo y apenas se desplazaba un par de centímetros. Miraba a su alrededor con atención forzando su cansada vista. Esas figuras serpenteantes se acercaban cada vez más, parecía que por cada centímetro que él se alejaba ellas se aproximaban cien.
Un frío en la nuca, como una corriente, le hizo darse la vuelta. Unas manos correosas y resbaladizas le atenazaron el brazo, unas uñas largas y afiladas se le clavaron como ascuas ardiendo en la piel helada e inflamada. Trato de soltarse con las fuerzas que le restaba, pero notaba como el aire le faltaba. Se estaba ahogando porque no era capaz de soltar sus propias manos de su cara.
“¡Maldita sea estate quieto y usa la cabeza!” Bramó una voz en su cabeza. Ripper había tomado el control de parte de su mente.
- - Tranquilo jovencito- dijo una voz melodiosa y armónica- Te sacare de aquí antes de que alguien menos amable te encuentre.
“Escúchala”
“Lo sé, me estoy ahogando”
“Por fin demuestras algo de inteligencia”
Las manos tiraron de él. Eirian sintió como el agua corría a su alrededor. El frío le seguía agarrotando pero el verdor que se extendía en torno a él era cada vez más claro, se acercaba a la superficie a toda velocidad tirado por alguna criatura acuática benévola. Las manos volvieron a obedecerle al tiempo que su cabeza rompía la superficie del lago. Abrió la boca y aspiró como si la vida le fuera en ello.
Dio varias bocanadas de un aire que le pareció delicioso. Nunca antes había olido un aire que le hubiese sentado también. Trató de que su pulso volviera a la normalidad mientras echaba un vistazo. A su lado vio la cabeza de un ser de escamas doradas y esmeraldas, de ojos almendrados y mirada inquisidora. Una sirena.
Su salvadora comenzó a hablar pero se cayó al instante al ver la cara de dolor que puso Eirian. Su voz tan armoniosa bajo el agua se había transformado en una horrible sucesión de gritos agudizados al extremo y gañidos. Le miró con malos modos y tiro de él hasta la orilla. Lo empujó con impaciencia y se sumergió de nuevo en el agua dejando tras de sí un grupo de ondulaciones.
Eirian se tambaleó hasta el límite del bosque donde había un banco de piedra ruinoso, convertido casi en un montón de escombros. Quitó una maraña de enredaderas secas y se sentó agotado. Su ropa comenzó a humear a medida que se secaba a causa de su piel que se calentaba desde el interior.
- - ¿Y por qué no se me ocurriría esto antes?- se quejo Eirian pasándose la mano por el pelo que se seco al instante.
- - Nunca tuviste muchas luces- contesto él mismo, o Ripper, ahora no tenia paciencia para desentrañar el lío en que se había convertido su mente en los últimos minutos.
- - No tengo paciencia para esto, Ripper. Se supone que estás latente.
- - Y los cuernos son simples trozos de quitina.
- - Yo que iba a saber.
- - La paciencia es una virtud.
- - Y me lo dices tú, es increíble. ¿Qué será lo próximo qué Ron odie el Quiddicht?
- - No, lo próximo será recordarte que Luna también estaba en tú despacho.- dijo Ripper antes de volver a desaparecer en lo más profundo de su subconsciente. Eirian se levantó y de pronto se quedó blanco antes de salir corriendo. Trastabilló un par de veces antes de llegar a la parte del lago que permitía ver el colegio.
Subió la colina entre corriendo y trotando a cuatro patas. Miró de refilón al campo de Quiddicht y se sorprendió de ver una auténtica multitud sentada en las gradas y lo que era aún más extraño, un gigantesco laberinto ocupaba toda la extensión verde que había sido el campo de juego. No le interesó lo más mínimo, su mente solo le pertenecía en ese momento a Luna, trataba de establecer la conexión pero se mantenía esquiva, cada vez que la alcanzaba se desvanecía.
No se definía claramente, era casi como si Luna estuviese en el otro lado del planeta. Volvió a tropezar, no entendía que le pasaba, no controlaba bien su propio cuerpo. Se sentía minúsculo y enclenque sin saber por qué. Se levantó y de repente un latigazo le recorrió la cabeza, como si se la abrieran en dos. Un dolor insoportable se extendió por toda su mente como una ola de fuego salvaje y abrasador.
Se agarró la cabeza con fuerza convencido de que se le partiría sino la mantenía sujeta, se arrancó varios cabellos con dolorosos resultados pero ninguno sobrepasaba la intensidad de aquella sensación avasalladora.
Su cuerpo se tambaleó presa de señales contradictorias enviadas por una mente sobrecargada y a punto de colapsar. Cayó de rodillas y sucumbió, era demasiada intensidad para que un hombre cuerdo la aguantase sin consecuencias. Se desmayó. Vueltas y vueltas y más vueltas. Todo a su alrededor era de tonos grises y apagados. Por el rabillo del ojo veía una gran mansión a la que el paso de los años no le había sentado bien.
De pronto se vio rodeado por un grupo de figuras encapuchadas y cubiertas de negro le miraban con devoción y terror. El mismo sentía terror, pero no era suyo, no era capaz de explicarlo pero tenía la sensación de temor pero no era propio, como si le insuflasen sentimientos de otra persona. Miraba con atención un rincón entre tumbas, un trozo de césped amarillento sin ninguna relevancia pero algo había ocurrido allí, algo que le llenaba de ira y dudas.
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A una lejana distancia de ese lugar, un joven de pelo azabache y ojos chocolate del mismo tono que su madre, caminaba a tientas por un estrecho y húmedo túnel. Tenía el brazo magullado, no se había dado prisa al entrar en el túnel y el sauce boxeador se había ensañado con él antes de poder escapar.
Su cuerpo no era el único que recibió por parte de ese árbol. Las gafas de visión nocturna que Scorpius le fabricó exclusivamente para ir por aquel tenebroso túnel estaban en su bolsillo; aplastadas y con hilos de humo acre y penetrante saliendo por las hendiduras.
No sé atrevió a curarse la herida para que no le vieran desde el castillo pero ya estaba lo suficientemente lejos para hacerlo. Tomo la varita y con un ligero movimiento su piel volvió a crecer por encima de la herida, no quedó rastro ni cicatriz de su altercado. Otro movimiento y con un brillo pardo su camisa se remendó. No era tan ducho como su madre o sus tías pero no era tan visible como los remiendos que hacían Lilly o Scorpius.
Llegó a la puerta, lo que otrora era un fragmento de madera que tapaba el túnel, ahora era una puerta en condiciones. Abrió mientras llamaba como estaba acostumbrado. La casa estaba a oscuras, eso era extraño. La hora era a la que habitualmente cenaban. No tenía sentido. Entró en la cocina. Limpia. Platos ordenados y guardados. El fuego consumido desde la noche anterior.
Ahí no había estado nadie en todo el día. En fin no era la primera vez que su tía se perdía en el bosque y su tío era raro el día que podía llegar temprano. Subió las escaleras hasta el despacho que utilizaban él y Scorpius. Estaba tal como lo dejaron la semana anterior. Un revoltijo de papeles y herramientas. Tenía que agradecerle a su tía que no entrase en ese cuarto.
Mañana era su primera prueba y no le habían dicho de que trataba, y para su desgracia su sentido del honor al más puro estilo Potter, le hizo devolver la descripción de todas las pruebas. Recogió todo lo que le pudiera hacer falta. Los guanteletes de descargas, la capa de invisibilidad y el casco conectado a esa caja de luces que no entendía. Lo metió todo en la bolsa y volvió al túnel para regresar a su dormitorio. Le vendría bien descansar o no estaría preparado para lo que le esperaba a la mañana siguiente.
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En ese mismo instante en Londres, Harry y Ginny entraban en la casa de sus amigos Ron y Hermione. Ginny estaba en su límite, no aguantaba saber que su hijo estaba en el torneo de los tres magos. Era como regresar a su tercer curso, en el que paso noches en vela pensando en Harry. En lo solo que estaba por culpa de su estúpido hermano, en los peligros que acechaban tras aquellas pruebas en las que podría morir a manos de cualquier ser.
- - ¿Cómo estás Ginny?- le preguntó Ron en cuanto entro por la puerta. La actitud seria de Ron la sorprendió. Siempre acostumbraba a saludarla con alguna broma, se le notaba preocupado.
- - Bien.- mintió con una sonrisa tan falsa como la que le respondió Ron.
- - Seguro, he oído que por poco acabas en Azkaban esta mañana.
- - No has leído El Profeta ¿Verdad?- dijo Harry respondiendo por su mujer.
- - Desde que Rose nos llamó diciendo que James era campeón cancelé la subscripción.
- - De eso nada, yo cancelé la subscripción, tú intentaste quemar a la lechuza. –dijo Hermione saliendo de la cocina limpiándose las manos con un trapo. En un portabebés, Hugo dormía plácidamente en la espalda de su madre.
- - Mi forma era más llamativa.- se excusó Ron con media sonrisa.- ¿Y qué ha escrito Skeeter sobre James?- preguntó.
- - Ha insinuado que tiene una relación demasiado “íntima” con su hermana, su prima y Scorpius.- exclamó Ginny controlando su tono de voz para no despertar al pequeño Weasley. Pero sus ojos despedían chispas de odio y su varita la imitaba aunque estuviera guardada en un bolsillo. Tuvo que apagar las chispas que amenazaban con quemarle la ropa.
- - Siempre fuiste muy peligrosa, Ginevra- dijo Harry quitándole la varita del bolsillo y guardándola.- Ya deberíamos estar acostumbrados de que Skeeter nos haga la vida imposible.
- - No esperaba que fuera tan desgraciada, menos después de lo que le hizo Luna.-dijo Ron ganándose una mirada severa de su mujer.- Hermie, Hugo es muy pequeño para entendernos y no puedes negar que disfrutaste con tener a Skeeter una semana en San Mungo gracias a que Luna la maldijese por intentar entrevistarla tras haber arrestado a Eirian.
- - Eso no tiene nada que ver ¿Y quieres qué lo primero que diga sea desgraciada?- pregunto bajando la voz en la última palabra.
- - Lo dudo mucho, está durmiendo, y los Weasley cuando duermen no oyen absolutamente nada, podría caerle la casa encima y no se levantaría.- dijo Ginny recordando lo que costaba sacar de la cama a su hermano durante su infancia.
- - Oye enana, yo puedo levantarme enseguida si me lo propongo.- replicó Ron yendo hacia la cocina, siguiendo a los demás.
- - Eso es cierto- corroboró Harry sentándose junto a Ginny.- Se levantaba al menor soplido durante tu sexto curso.
- - ¿Durante mi sexto curso? Pero si… ¡Ah! Comprendo. Ron era el asustadizo, que veía mortifagos en cada esquina.- dijo Ginny mirando como su hermano para su sorpresa no replicaba sino que bajaba la cabeza visiblemente avergonzado.- ¡Oh, vamos hermanito! Todos vivíamos así, no es para avergonzarse.
- - ¿Y si cambiamos de tema?- dijo rápidamente Hermione mientras le cogía la mano a Ron y lo miraba sin saber que decirle. Menos Ginny todos en aquella mesa sabían en que estaba pensando el pelirrojo. Aún llevaba a rastras ese peso de haberlos abandonado durante la guerra. No se perdonó entonces y no quería perdonarse ahora, veinte años después.
- - Si, cambiemos de tema.- Mañana iré a controlar la primera prueba. Kingsley me ha permitido ser el enviado del ministerio.- dijo Harry.
- - ¿Y eso cuando pretendías decírmelo?- preguntó Ginny escandalizada.
- - Pues… Mañana por la tarde. Presuponía que me pedirías ir.- contestó Harry cubriéndose de los golpes que le propinaba su esposa y aguantándose la risa.
- - Intentar ocultarme que vas a ver a nuestro pequeñín, ¿cómo se te ocurre? Y claro que vas a llevarme, soy tu mujer y como no me lleves vas a dormir en la acera.
- - No puedes ir. Las reglas solo permiten a una periodista y ese puesto lo tiene Skeeter. Y es mejor que te quedes en casa, no avergoncemos más al pobre James.- dijo Harry intentando calmarla.
- - ¿Quién lo avergüenza?
- - Le mandas un vociferador una vez al mes.- intervino Ron- Cualquiera en su sano juicio se avergonzaría.
- - Si no se metiera constantemente en líos no tendría que enviarle tantos. Te crees que me gusta que en King Cross me señalen como la madre gritona.
- - No lo sé. A lo mejor, tú siempre has sido muy estrambótica.- replicó Ron. Ginny le miró y después a Hermione.
- - ¿Cómo se te ocurre regalarle un diccionario?- le preguntó a su amiga.
- - Me pareció que tenía que mejorar su vocabulario. Ahora no es tan grosero.
- - Sigue siendo igual de grosero, ahora tiene más clase como mucho.
- - No podríamos empezar con la cena, aquí hay alguien que no ha comido en todo el día.- dijo Harry previendo una discusión entre Weasley.
- - Si, será mejor, el estofado no está nada sabroso frio.- coincidió Hermione haciendo aparecer los platos y rellenándolos con la comida. Tras colocar el ultimo plato, subió a su cuarto y dejó a Hugo en su cuna y metiéndose en el bolsillo el escucha bebés. Se sentó en la mesa y disfrutando de poder apoyarse en el respaldo de la silla tras cargar todo el día con el niño.- A comer.
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La hierba le acarició la cara con suavidad, haciéndole cosquillas. La brisa nocturna le puso la piel de gallina. Lentamente abrió los ojos. Para su alivio, el cementerio había desaparecido. El dolor de cabeza había menguado pero no parecía tener intención de desaparecer.
Eran latigazos constantes a intervalos regulares. La sangre se le agolpaba en la parte baja del cráneo, en la unión de la cabeza con el cuello. Se levantó con un resoplido de resignación ante ese dolor. Le costó un tiempo adaptarse a la oscuridad reinante, la luna se alzaba en todo su esplendor sobre las torres del castillo.
Un ataque de nauseas le dobló por la mitad y le nubló la vista. Notaba el sabor ácido del vomito ascendiendo por la garganta pero logro contenerlo. Sacudió la cabeza hasta hacer desaparecer las ganas de vomitar. Se irguió respirando profundamente, inundando sus pulmones de un aire frío con un el aroma de los pinos.
Miró las puertas del castillo y salió corriendo de nuevo. No iba a permitir que nada ni nadie volvieran a pararle los pies. Tenía que llegar a su despacho. Tenía que asegurarse de que su Luna estaba bien. Empujó las puertas con fuerzas pero estaban cerradas. ¿Desde cuándo Filch cerraba las puertas? No tenía tiempo. Empuñó la varita y la puerta estalló pero no se abrió, lo lanzó hacia atrás más de diez metros.
Rodó colina abajo y volvió a subirla con la misma celeridad. Empuñó con fiereza la varita y utilizó su más potente hechizo. Las puertas resplandecieron y se abrieron por fin con un ligero rechinar. Entró como alma que lleva el diablo. Subió las escaleras saltando los escalones de cuatro en cuatro. Por fin tenía en su campo visual la gárgola de su despacho, pero era distinta, no era igual, había algo extraño.
No tuvo mucho tiempo para extrañarse, algo le frenó en seco y le dio la vuelta. A punto estuvo de darle un puñetazo a quien le hubiera detenido pero se contuvo al ver la cara resentida de Filch con una cara de extrema satisfacción. Ripper se removió en el fondo de su mente.
- - ¡Qué demonios quieres Filch! ¡Tengo prisa!- le gritó con furia.
- - Sigue así mocoso. Estás cavando tú propia fosa, no sé quién eres pero te has ganado que desempolve el látigo.- le exclamó con suficiencia el conserje.
- - Filch, no tengo tiempo para tus estupideces. O te largas o te convierto en una figura de carboncillo.- dijo Eirian sujetándole por el cuello del jersey que comenzó a humear y a oler a quemado. La voz de Ripper se estaba alzando sobre la suya propia.
- - ¡CÓMO TE ATREVES!- grito el viejo conserje igualando en furia a Eirian.
- - Draco. ¿Qué haces aquí?- pregunto una voz tras ellos.
- - ¿Cómo me ha llamado?- pregunto Ripper con una fiereza que atemorizó a todos los que estaban en el pasillo. Sus ojos destilaban odio y se habían tornado de un rojo intenso como un sol en pleno esplendor. Se giró hacia la persona que le había confundido con su odioso hermano. Eirian no tuvo tiempo de detener a Ripper, ya era tarde el profesor Severus Snape corría de un extremo a otro del pasillo envuelto en llamas.
No sabía que hacia allí, pero le había reconocido. Por suerte Mcgonagall llegó a tiempo para apagar el pequeño incendio. Miró con incertidumbre a Eirian y ayudó a Snape a levantarse mientras este se arreglaba la túnica con la varita. Su mirada podía competir fácilmente con la de Ripper, pero no con la de Eirian quien estaba de nuevo al mando. Snape era diez veces peor que Eirian en ese instante.
- - Minerva, por fin alguien con serenidad. Dime que está ocurriendo. ¿Qué hace él aquí?- dijo Eirian dirigiéndose a una extrañada profesora.
- - ¿Quién es usted, jovencito?- pregunto Minerva a su vez, extendiendo una mano para detener a Snape que respiraba agitadamente.
- - Debes estar de broma. Llevo trabajando aquí un año, tú me ofreciste trabajar aquí. ¿Y cómo qué jovencito? Soy más joven que tú pero tengo más de cuarenta…- exclamó Eirian haciendo un aspaviento que se quedo a medio camino. Sus ojos se quedaron fijos en sus manos. Eran más pequeñas. Se miro el cuerpo y se descubrió más pequeño.- ¿Qué está pasando?
- - Minerva, lleva a Severus a la enfermería. Argus, ya me ocupo de este alumno, puede irse a dormir.- dijo una voz tras Eirian quien notó una mano fuerte en su hombro. Él estaba demasiado desconcertado para darse la vuelta pero reconoció en el acto la voz de Albus Dumbledore. Esta situación cada día era más extraña.
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Eirian Lovegood
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Re: Luna Lovegood y la Orden del Fenix

Mensaje  Eirian Lovegood el Sáb Feb 25, 2012 2:42 am

Capitulo 3 - La primera prueba


James se levanto con nerviosismo con el despunte del alba. Los primeros rayos de luz no habían terminado de traspasar las cortinas y el ya estaba lavándose y vistiéndose. Lo que le esperaba en unas horas escasas aun era un misterio, pero no temía eso, no era miedo a lo desconocido. Era un miedo más estúpido, o eso le habría llamado su prima Rose.
El miedo al ridículo, a desprestigiar a la escuela con su torpeza, ese era el miedo que le estaba atenazando la garganta. Nunca tuvo tanta presión sobre sus hombros. Era el capitán del equipo de Quidditch pero eso solo era un juego, un divertimento que guardaba el honor de cada casa. Esto era distinto, ahora era el estandarte de Hogwarts.
Se cepillo los dientes con fuerza, estaba tan absorto en sus cavilaciones que hasta que no golpearon la puerta para que saliera no se dio cuenta que llevaba quince minutos cepillándose los dientes. Se enjuagó y limpio las manchas de la túnica y salio sin prestar atención a cual de sus compañeros le debía la interrupción.
Bajo hasta el gran comedor. Un vació en el estomago le iba a impedir comer, pero así podría estar en compañía de su hermana, su prima y Scorpius. Si tenía suerte su tía Luna estaría desayunando en la mesa de profesores y podría pedirle algún consejo. Antes de abandonar los dormitorios cogió los guantes, la capa y se coloco el casco tal como le indico Scorpius.
Un siseo furioso como el de una serpiente embravecida silbo por las rendijas minúsculas de aquel casco tan asombrosamente cómodo. Segundos después se desarmo en cientos de piezas más pequeñas y se guardo a si mismo en un circulo metálico alrededor del cuello. Los guantes hicieron lo mismo ser desarmaron y se guardaron en dos pulseras que se ajustaban en sus brazos.
La capa de un color entre negro y plateado era más llamativa, según Scorpius la magia debía canalizarse a través de ella para volverla invisible. En momentos de tensión o peligro el mago involuntariamente desprende mínimas cantidades de magia. La magia de cada mago es única e intransferible por lo que la capa estaba diseñada para responder cuando James estuviera en peligro.
James ya conocía las maravillas del mundo muggle. Su padre se había criado en esa sociedad. Pero no dejaba de asombrarse con su imaginación a la hora de afrontar una vida sin magia. Sus tías Luna y Hermione estaban trabajando en un libro que aunaba ambos mundos. No a nivel de desvelar el secreto, pues eso podría generar un autentico genocidio.
Los muggles no aceptarían a los magos y viceversa. Eso propiciaría una guerra a una escala inimaginable. Eso era lo que siempre decía su tío Eirian quien tenía poca consideración por el hombre algunas veces. El libro encabezaría una serie de estudios que desvelarían los beneficios de adaptar la tecnología Muggle al mundo mágico. Las posibilidades eran infinitas y solo había que echarle un vistazo a la casa de los Gritos que contaba con electricidad sin una conexión a la corriente.
Si, la ciencia era algo asombroso, era la magia de los que carecían de ella. Toco la áspera tela, la capa de su padre era sedosa como agua entre los dedos, esta era más tosca en algunos aspectos, pero contaba con algunas ventajas que la de su padre no podría igualar. Una de ellas, la más importante a ojos de James para la prueba, era las capacidades defensivas, repelía un sin numero de maleficios, así como pociones y era capaz de absorber el fuego de un colacuerno sin ninguna complicación.
Bajo a la sala común, algunos alumnos de primero se le quedaron mirando, no les prestó atención y salio por el retrato de la Dama Gorda. Escuchó de fondo como le daba ánimos y suerte para la prueba. Levantó la mano a modo de agradecimiento y siguió bajando por las escaleras. Iba tan distraído que metió el pie en un escalón falso y este le atrapo.
No estuvo mucho tiempo allí sin poder moverse, unos fuertes brazos tiraron de él y le destrabaron el pie. Al mirar hacia atrás para agradecérselo a la persona que le había ayudado, vio algo que le sorprendió. Su padre y el tío Neville, el jefe de su casa, le miraban con una sonrisa.
- - Veo que no soy el único que olvida estos escalones.- bromeó Neville dándole unas palmadas en la espalda a James. - ¿Listo para la prueba?
- - Todo lo listo que se puede estar para enfrentarse a algo que no conoces. – contesto James. - ¿Qué haces aquí, papa?
- - Kingsley me ha permitido venir en representación del ministerio. Tu madre te envía un abrazó y un beso. Y si te matan en la prueba se encargara de que no vuelvas a salir de tu cuarto. – rió Harry diciendo palabra por palabra lo que le había dicho su mujer.
- - Eso anima mucho.- dijo alicaído James.
- - No te preocupes, serás capaz de superarla. Además ya debes tener muchos puntos por tu gran altura moral. – dijo Harry causando una carcajada en el profesor de Herbologia.
- - ¿Dónde esta la gracia?
- - En el torneo de tu padre. Durante la segunda prueba llego el último pero llego el último por intentar salvar a todos, por lo que Dumbledore le concedió el segundo puesto. Por su gran altura moral, dijeron. – explico Neville.
- - ¿Y eso que tiene que ver conmigo?
- - Una lechuza nos ha dicho que rechazaste las especificaciones de todas las pruebas. – dijo Harry.
- - No me parecía bien.
- - Ahí lo tienes – señalo Neville – Te mereces algo de compensación por eso. Los otros campeones ya saben cual es su primera prueba. Tú eres el único que se presenta como debe hacerlo.
- - Preparado, pero no prevenido. – añadió Harry. – Creí que Krum sería un mejor director que Karkarov para su colegio.
- - No se lo puedes echar en cara, Eirian ha intentado hacer lo mismo. – dijo Neville.
- - Pero era para ayudar a su sobrino – argumento más en plan de broma que en otra cosa.
- - Podemos ir al Gran Comedor, creo que necesitare comer algo. No quiero desmayarme frente a tres colegios enteros.- dijo James desvelando a su padre el porque de su comportamiento deprimente.
- - Así que era eso. Tienes miedo a que te superen los otros dos campeones y sean mejores que tú. – dedujo Harry para sorpresa de su hijo, que miro con asombro a su padre.
- - ¿Cómo…?
- - Eres un libro abierto, yo temía que me mataran. Pero yo era un aprendiz. Tú tienes las habilidades. Lo que temes es no saber usarlas. No te preocupes, lo harás bien. Has salido a tú madre en eso, no puedes perder.
- - Harry tiene toda la razón. Las pruebas son más de ingenio que de otra cosa. Al menos eso me dijo Eirian cuando pregunte.
- - ¿No sabes de que trata la prueba? – pregunto James incrédulo.
- - Nadie. Solo los directores y el ministerio. Y no todo el ministerio – añadió adelantándose a James. – Suelen ser las secciones de cooperación mágica y control de criaturas mágicas.
- - Pues que consuelo. – murmuro James entrando en el Gran Comedor. Lo primero que fijo su vista fue en la mesa de profesores que para su sorpresa tenia asientos libres. El director no estaba y su tía Luna tampoco. Supuso que estaría preparando la prueba y despidiéndose de su padre y su tío se fue a la mesa de Gryffindor.
- - Buenos días hermanito. – saludo risueña Lily.
- - Buenos días Lily Luna. – respondió James sentándose en la mesa y cogiendo una tostada sin mucho ímpetu. Su hermana le miró extrañada pero Rose la calló con una sola mirada. – Scorp, ayer cogí los guates y el resto de las cosas. Podríamos hacer unas últimas comprobaciones.
- - Claro – dijo Scorpius mirando a Rose. –Salgamos de aquí. Te lo arreglare antes de las clases.
- - Gracias. Hasta la prueba. – Se despidió de su prima y su hermana con la mano y salió del comedor con la tostada en la boca.
- - No esperaba verlo así – comentó Rose a su prima cuando vieron a James desaparecer por la puerta.
- - ¿Cómo esperabas verlo? – pregunto Lily.
- - Nervioso, exultante y bromista. Como antes de todos los partidos. Pero esta abatido.
- - Es normal, dentro de unas horas se enfrentara a vete tú a saber que monstruos. – dijo Lily mirando la puerta.
- - Esperemos que no. Mi madre me conto como lo paso tu padre en el torneo. ¿No harán que se enfrente a un dragón? – pregunto atemorizada por la revelación que su propia mente le había desvelado.
- - Leí las normas, las pruebas nunca pueden repetirse en diferentes torneos. – explico Lily mirando el reloj de su muñeca. – Tienes que ir a clase, y yo también.
- - ¿Nos vemos en la comida? – pregunto Rose colgándose la mochila al hombro y saliendo del comedor junto a su prima.
- - No puedo, tu novio me ha pedido que le busque una cosa en la biblioteca.
- - ¿Por qué no me lo ha pedido a mi?
- - No sé qué, que quería comer contigo. – dijo Lily sin mucho interés provocando el sonrojo de Rose. - ¡Oh! ¡Por las barbas de Merlín! Tres años saliendo y aun comportándose así.
- - Hasta luego, Lily. – se despidió Rose corriendo escaleras arriba. Lily puso los ojos en blanco y la siguió para ir a su propia clase.

James como campeón de Hogwarts estaba exento de dar clases ese día para prepararse. Al joven Potter le habría venido mejor estar absorto en una clase de Historia de la Magia, con la mente ocupada en cualquier otra cosa en lugar de estar dándole vueltas al ridículo que podría hacer.
Scorpius le buscó entre clase y clase para ayudarle con todos los mecanismos de los guantes, y para practicar algunos hechizos y maldiciones que podrían serle útiles. Pero los pocos minutos de entrenamiento conjunto no servían para alejar las visiones de futuro que su mente e imaginación volátil se encargaban de generar.
Tras la hora de la comida, a tres horas de la prueba, James cogió un par de muslos de pollo y salió a los jardines. Llegó a la orilla del lago y se tumbó contra un gran roble. No sabía que sus padres, sus tíos y abuelos utilizaban ese lugar como escondite para escapar de las tensiones del colegio. Pero se sentía cómodo en ese roble, se sentía cerca de sus padres.
No se hacia una idea de lo acertado de esos pensamientos. Se comió la comida con lentitud, casi con desgana pero no le apetecía desmayarse por eso comía. Vio las ondulaciones en el agua y los reflejos plateados del calamar gigante. Esos movimientos fluidos e hipnóticos parecían tener un efecto tranquilizador sobre James.
Las ideas positivas comenzaron a inundar su cerebro. La idea de que haría el ridículo cada vez fue más y más insignificante. ¿Por qué iba a preocuparse? Tenía los mismos conocimientos que sus contrincantes. Incluso poseía muchos más trucos, prácticamente toda su familia le había enseñado algo de magia ofensiva o defensiva. Su padre y su tío Ron eran aurores. En esos meses desde su selección, fue recibiendo cartas con complejos hechizos que le serían muy útiles.
Lo mismo hizo su madre que le envió maleficios muy imaginativos y con un millar de consecuencias posibles. Tía Hermione le envió una serie de encantamientos y libros sobre los más variados temas. Luna le enseñó a defenderse de criaturas mágicas. Neville le dio clases extras sobre las plantas exóticas y venenosas para saber identificarlas. Eirian le enseñó los fundamentos básicos de la piromagia, era imposible que James aprendiera una magia heredada, pero conociendo ese poder podría contrarrestarlo en caso de enfrentarse a un dragón o una salamandra u otra criatura basada en el fuego.
La idea de que iba a fracasar se difuminaba en el fondo de su mente a medida que recordaba lo mucho que se había esforzado por llegar hasta donde estaba. El esfuerzo y dedicación que había puesto en cada hechizo, encantamiento o maleficio. Todos sus conocimientos estaban disponibles para él, el campeón y futuro ganador del Torneo de los Tres Magos.
Una sensación de gozo se asentó donde antes había un vació inmisericorde que le había bloqueado durante todo el día. Se sintió con renovadas energías. Miro el reloj que le regalaran sus padres por su cumpleaños y descubrió que faltaban quince minutos para la prueba. Se levantó de un salto y corrió hasta la entrada del colegio donde debían estar los campeones.
Se dijo que debía agradecerle al calamar su nuevo estado de ánimo. A la altura del campo de Quidditch vio como se iban congregando los profesores y los otros dos campeones ya estaban esperándole. Haciendo un último esfuerzo llegó a las escaleras. La respiración agitada pero llenó de energía. Saludo a Serilda, la campeona de Durmstrang y a Alexiane su contrapartida de Beaxbatton.
Víctor Krum, director de Dumstrang desde que se retirada del Quidditch años atrás y Madame Maxime directora de Beaxbatton, le miraban con algo de resentimiento por haber llegado tarde. James se disculpó y busco con la mirada al director de Hogwarts pero Eirian no estaba. Su padre, que le vio buscándolo con la mirada se acercó.
- - Eirian y Luna no aparecen. – dijo Harry a su hijo. – He enviado un patronus al Ministerio pero mientras lo buscan las pruebas no pueden detenerse o posponerse por lo que Neville le sustituirá al ser el subdirector. – explicó Harry guardándose el dato que el despacho de Eirian había sido arrasado por una explosión volatilizando casi todo lo que se encontraba en ella.
- - ¿Y nadie sabe donde puede estar? – pregunto con más curiosidad que otra cosa, su tíos no le podían sorprender mucho después de todo lo que habían pasado.
- - No, he hablado con Scorpius y me dijo que no los veía desde ayer. Pero ahora tienes que concentrarte en la prueba, no quiero que te distraigas. Puede ser muy peligroso si no pones los cinco sentidos en ella.
- - ¿Dónde es? – preguntó James, pero recordándose que después debía hablar con los demás para comentar la desaparición de sus tíos.
- - En el extremo norte del lago. Nosotros tomaremos los botes mientras el resto de los alumnos lo bordean. Eso nos dará tiempo para explicaros en que consiste la prueba. – Intervino Neville a quien acababan de informar de ella y estaba blanco. Eso no tranquilizó a James pero trató de no dar rienda suelta a sus emociones delante de sus rivales.

Los siete bajaron por los jardines hasta un pequeño muelle en el que unos frágiles botes amarados con sogas se balanceaban con el débil oleaje. James, su padre y Neville subieron a uno mientras Krum, Maxime, Serilda y Alexiane subían al otro más grande. Sin ninguna orden aparente ambos botes enfilaron el norte y se deslizaron por el agua sin prisa pero sin pausa.
A lo lejos James vio una fila de personas avanzando animadamente en la misma dirección bordeando la orilla del lago. Le pareció ver a Rose y Scorpius pero no podía asegurarlo desde aquella distancia. Luego posó su mirada en su destino y se quedo asombrado de la asombrosa estructura que se alzaba sobre el lago. Una suave neblina cubría toda aquella zona, debían de varios kilómetros envueltos en bruma. Parecía una carpa de circo pero diez veces mayor.
Los botes se amarraron solos a otro muelle, este parecía más solidó y nuevo que el que acababan de dejar. El primero en bajar y entrar en la edificación fue James que sentía una curiosidad infernal por lo que allí se escondí. La decepción no tardó en aparecer cuando descubrió una habitación de dos por dos metros.
En unos segundos la pequeña sala estaba abarrotada. Los directores daban ánimo a sus alumnos mientras los ponían a los tres contra la puerta que les llevaría a la prueba. Harry hizo todo su esfuerzo para no acercarse más a James que a los demás, desde que arribaron en ese islote artificial era el representante del ministerio de magia y no el padre del joven.
- - Ahora que estamos todos listos. Os informare de la prueba y lo que debéis hacer. – Empezó Neville. – Esta carpa cubre un pantano, o mejor dicho una ciénaga artificial. En ella hemos soltado dos criaturas mágicas. Escila y Caribdis, los que prestaran atención a las clases de Historia de la Magia y a Cuidado de Criaturas mágicas, sabrán de que seres les hablo. Los que no, tendrán que arreglárselas solos en la ciénaga. Ahora saldremos. Cuando oigáis el pitido un campeón saldrá. Cuando este termine la prueba sonara el pitido de nuevo. El primero será la campeona de Durmstrang, seguido de la de Beaxbatton y por último el de Hogwarts.

Los adultos fueron saliendo por una puerta que daba acceso al complejo dejando solos a los tres campeones. Ninguno rompió el silencio que se instaló. El sonido de un silbato penetrante y agudo hendió el aire y Serilda salió por la puerta con aire arrogante y confiado. Los minutos pasaron, James andaba en círculos a medida que escuchaba los rugidos, gritos de angustia, explosiones y por último una salva de aplausos y vítores. Unas palabras de Neville felicitando a la campeona por pasar la prueba y el silbido se repitió esta vez para llamar a Alexiane. Se repitió el ciclo de sonidos.
James notaba la adrenalina inundar su sangre, su corazón bombear con fuerza, su respiración acelerarse y sus pupilas dilatarse. Saltaba y movía los brazos con movimientos largos y rápidos. Se preparaba para entrar en su primera prueba sabiendo que podría ser la última si cometía un error, pero con la confianza de creerse ya vencedor. Un nuevo pitido.
James con paso firme y decidido traspasó el umbral. La mascara le cubrió el rostro y los guantes le aseguraron las manos. Hundió la mano derecha en el bolsillo del pantalón y sacó su varita. Una escalinata de madera le daba acceso al pantano. Una extensión de agua enfangada, juncos y un laberinto imposible de tierra seca que le llevaría al otro lado.
Una bruma densa le impedía ver, o le impediría ver de no ser por la visión térmica que le proporcionaba el visor del casco. El sistema de reconocimiento seguía sus pupilas y hacían hincapié en lo que él ponía el ojo. Llegó al límite de las escaleras y saltó, no calculó bien y se hundió hasta la cintura en el agua, sus pies parecían absorbidos por una fuerza extraña, el vació que generaba su propio cuerpo al moverse le estaba hundiendo.
Usando un hechizo levitador logró salir de esa trampa mortal y lentamente ponerse a salvo en una zona medianamente seca. Examinó su alrededor en busca de un camino seco. Sin saber como ocurrió a la imagen que veía se le superpuso una señal luminosa que le indicaba cual era el camino. Decidió seguirla y ahora que no tenia que preocuparse por la dirección comenzó a hacerlo por los dos monstruos que se hallaban entre esas aguas.
Un murmullo generalizado sobre su cabeza le hizo alzar la vista para encontrarse ante la mirada de cientos de personas a diez metros de altura. Hizo una mueca eso no ayudaba a su concentración, en el Quidditch estaba encima de una escoba, podía aislarse del mundo si lo deseaba, pero allí su atención estaba dividida y fragmentada en cada ínfimo detalle y movimiento que su mente captaba.
Se concentró en la historia de Escila y Caribdis. Ambas criaturas de origen griego. Ambas mujeres hermosas que fueron precipitadas a la monstruosidad por terceros, aunque el nombre de Circe se repetía con vehemencia en sus historias, o en algunas versiones. Escila, una bella doncella que fue pretendida por Glauco; ante el rechazó de ella, el dios marino pidió ayuda a Circe que la transformó en una bestia de extravagante forma. Conservó la mitad de su cuerpo pero sus piernas fueron sustituidas por la cola de un pez tritón. Y en la cintura surgieron seis cabezas de loba, cada cabeza con dos patas. Un ser maquiavélico cuanto menos.
Caribdis según la historia original, si es que a las leyendas se les podía dar algún crédito, era desde el momento de su nacimiento un monstruo marino temible. Hija de Poseidón y Gea era una gigantesca serpiente marina que absorbía tales cantidades de agua que generaba remolinos de una magnitud inimaginable.
Ambas criaturas provenían del estrecho de Mesina, la primera vivía en los acantilados y la segunda en el fondo del estrecho, alegarse de una significaba acercarse a la otra. “Entre Escila y Caribdis” una frase conocida en la antigüedad, sustituida con el tiempo por “Entre la espada y la pared”
Ya conocía la respuesta al enigma, Si atravesaba el pantano por el centro se encontraría con Caribdis, si lo bordeaba lucharía contra Escila. Ninguna de las dos alternativas le gustaba, pero puestos a arriesgarse un remolino gigante no serviría mucho en ese entorno.
Ante esa decisión vio como el camino luminoso se alteraba, no se asombró esta vez, ya estaba acostumbrado a las maravillas de la tecnología Muggle. Cautelosamente y mirando siempre donde pisaba fue avanzando, evitando meterse en alguna poza de agua, y alegándose de las zonas donde el agua era más turbia. Un burbujeo le alertó. Se dio la vuelta a tiempo para esquivar una especie de salivazo que zumbo por encima de su cabeza y chocó contra las protecciones mágicas de las gradas.
Algo lo acechaba, debía invertir la situación, tenía que acecharlo él. Se percató de una ondulación en una charca a unos metros a la derecha, el visor térmico no le mostraba ninguna señal de calor pero lo que había visto era sin duda el movimiento de una sierpe nadando bajo la superficie. La ondulación se repitió, esta vez apuntó a unos metros, previendo donde se movería y lanzo un reducto el hechizo golpeo el agua con fuerza, la explosión posterior lanzó el agua en todas direcciones vaciando la poza y desvelando la criatura que habitaba en ella.
Una serpiente, de colores claros, tonos azules y verdes para confundirse con su entorno. Dos aletas que empezaban justo bajo la mandíbula y bajaban hasta la punta de la cola, le permitían moverse con facilidad en el agua. Las aletas eran fibras casi transparentes pero algo le decía a James que sería más dura que las escamas de dragón. El cuello era el doble de grueso que el resto del cuerpo, tenía sentido dada su táctica de ataque, necesitaba mucha fuerza para absorber grandes cantidades de agua.
Su cabeza en forma de rombo terminaba en un morro achatado en forma de ovalo. Los dientes afilados y traslucidos se veían amenazantes a través de unos labios inexistentes. Sus ojos negros, parecían brasas ardiendo, a pesar de la oscuridad que los envolvía emitían una fuerza primitiva. La fuerza que hacía que el instinto de supervivencia se disparara.
Un segundo esputo, como si de una lanza se tratará, silbó en el aire y chocó contra una roca en la que instantes antes había estado subido James. El joven comprobó horrorizado como el salivazo disocia lentamente la roca granítica, y el agujero que había formado como el que haría una bala sobre mantequilla.
- - ¡Reductio! – Grito James, el hechizo golpeo con toda su fuerza sobre el cuello de la sierpe que lanzó hacia atrás su cabeza romboidal en un intento de esquivar el ataque. No funcionó. Una explosión de colores cegó al campeón pero antes de cantar victoria vio el serpentino cuerpo alzarse seis metros en el aire.
Apenas tenía unas quemaduras. El ataque fue tan inesperado como rápido. Sus mandíbulas se abrieron en un ángulo imposible e intentaron sesgar por la mitad a James que aprovecho el ingenio de Scorpius y agarró con ambas manos los colmillos más grandes. No podía detener el golpe pero podía evitar que le alcanzara. Se izó a sí mismo por encima de la cabeza ladeada y salto a la grupa de la Caribdis. Clavó sus rodillas en la piel escamosa y rezó a Merlín para que no se soltaran.
La criatura se rebeló, revolviéndose por su incomodo parasito. Se deslizó hasta la charca más próxima pero James fue más rápido y con un hechizo incendiario convirtió la seguridad del agua en un manantial de llamas violentas. Caribdis volvió a intentarlo tres veces más y siempre con el mismo resultado.
Se paró en seco y ascendió cuan larga era en vertical para después dejarse caer sobre su espalda, James logró saltar y rodar lejos antes de que toda la tierra temblase por el tremendo impacto. La serpiente ya tenía lo que quería, a James en su punto de mira. Volvió a atacar y James utilizó la misma estrategia que antes, Caribdis se lo esperaba, freno en seco el mordisco y girando todo su cuerpo en un alarde de flexibilidad dio un coletazo a James lanzándolo a un islote rodeado de aguas turbias y oscuras.
Para cuando James se recuperó solo pudo ver como la cola timón de la serpiente marina se sumergía en el agua. Miró como loco en todas direcciones, buscando algo que no hallaría. Una solución. Su mente bullía de actividad. Corría, volaba, pero no se movía de su sitio.
- - Usa la cabeza. – grito alguien desde las gradas. Tardó diez segundos vitales en comprender esas palabras. Diez segundos en los que no se percato de la ondulación del agua rumbo a su espalda. Diez segundos que Caribdis utilizó en su beneficio y se lanzo contra él por la espalda.
El golpe fue brutal, aunque no hubiera oído el crujido característico de los huesos al romperse sin duda el dolor agudo en las costillas se lo habría confirmado. El agua no tardó en cubrirle por completo a medida que se hundía arrastrado por la criatura. Sintió como el aire se le escapaba de los dedos, se sentía desfallecer hasta que con un golpe seco de aire todo el interior del casco se lleno de aire. James tomó una gran bocanada antes de preocuparse por su situación.
Cogió la varita y grito el primer hechizo que se le ocurrió.
- - Petrificus Tottalus - La serpiente se quedo estática el tiempo suficiente para dejar a James pensar. La tenía rodeándole el pecho, impidiéndole cualquier movimiento, usando su costilla rota en su beneficio. Las palabras de Scorpius “Usa la cabeza” No se refería a que pensara la respuesta. Se refería a que pronunciara la pregunta. La formuló: ¿Cómo salgo de esta? La reacción no se hizo esperar. El visor se llenos de imágenes que se superponían y desaparecían, infinidad de líneas que pasaban a una velocidad tan apabullantes que no parecía más que un borrón en la pantalla. La pantalla se quedo vacía, volviéndole a mostrar el oscuro y turbio pantano y el cuerpo escamoso de la serpiente.
- - //Activando armas primarias// dijo una voz artificial de mujer, muy parecida a la de su tía Luna.
- -//Armas primarias activas// //¿Desea comandos de voz?//
- - Mataré a Scorpius por esto – farfulló James. – Si.
- - //Activar arma congelante//
- -//Activar arma flamígera//
- -//Activar…// - continuo la voz de su cabeza. James estaba aturdido pero si el fuego no había funcionado, el hielo lo haría.
- - Activar arma congelante. – pronuncio bien alto, por el rabillo del ojo vio como Caribdis empezaba a convulsionarse, deshaciéndose del conjuro de inmovilidad. Los guantes comenzaron a cambiar deprisa emitiendo una luz blanco azulada.
- - //Arma lista// //Seleccione blanco// - la pantalla se lleno de señales luminosas, todas en algún punto vital de la criatura. El instinto le llevo a golpear con las palmas la piel escurridiza, lo que sucedió a continuación no pudo llegar a imaginarlo. El vientre de la sierpe empezó a congelarse, una capa de hielo reluciente proveniente de sus manos se extendió con rapidez. Volvió a golpear y el hielo se astillo, rompiéndose en millones de pequeños fragmentos que volaron por el agua hasta fundirse. Caribdis bramó de dolor hasta hacerle sangrar los oídos. Un segundo después el letal abrazo se desvaneció y James nadó hasta la superficie.
En unas brazadas llego al camino y siguió andando más tranquilo pero siempre alerta, Escila aun estaba rondando esas aguas y no pretendía ser presa fácil después de su victoria. Estaba tan absorto en vigilar su entorno que apenas escuchó el rugido de todo Hogwarts por su victoria. Él simplemente continuo caminando, al no saber cómo desactivar el arma congeladora, tenía que concentrarse en no tocarse el pecho donde como poco había tres costillas rotas.
El visor le iba diciendo todo lo que tenía que hacer, el andaba como un autómata prestando más atención al resto de las cosas. A lo lejos por el rabillo del ojo vio un movimiento rápido. Junto al muro que contenía aquel cenagal, no se preocupó, no había motivo Escila iba en dirección contraria, alegándose de él. El sonido de la muerte agónica de su contrapartida en aquella prueba la escarmentó y evitó que no saltase sobre James para destriparlo como lo mandaba su instinto.
Minutos más tarde James salía respirando con dificultad y trastabillando por la puerta que le llevaría ante sus amigos dejando atrás toda esa locura peligrosa. Lo primero que esperaba era un abrazo pero sintió las manos de Scorpius apretándole las muñecas y quitándole los guantes, después el casco y terminó con la capa. Tras ese extraño hecho Rose y Lily se abalanzaron sobre James que aguanto un quejido de dolor que todos pudieron ver en su rostro.
- - Tienes dos costillas rotas y tres fisuradas. Nada que Madame Pomfrey no pueda arreglar. – Dijo Scorpius mirando con detenimiento una pantalla brillante en el guante.
- - ¿Entonces le llevamos a la enfermería? – preguntó Lily mirando a su hermano como si fuera de cristal y fuese a romperse.
- - Eso puede esperar un minuto Lils – dijo su padre tras ellos – Aun debe recibir su puntuación. – Diciendo esto se deslizó a un lado y Neville, Krum y Maxime se pusieron delante del joven Potter. – Supongo que sabrás como va esto si escuchaste las historias de tu tío Ron. – James asintió. – Bien.
Krum alzó la varita y con un movimiento brusco casi involuntario hizo aparecer un ocho. James sintió una gran alegría al ver que su, supuesto, rival más duro, le trataba con igualdad. Madame Maxime con una floritura delicada hizo aparecer una cinta de seda azul claro que tomo la forma de un siete. Neville con un gesto calculado hizo aparecer un diez. Y por último, Harry lanzó al aire un ocho. James saltaba de alegría.
- - Has quedado segundo James, enhorabuena. Por detrás de Alexiane. Creo que te han bajado la nota por matar a Caribdis. – dijo Rose abrazando los hombros de su primo considerablemente alejada de su pecho para no agravar la herida.
- - Me da igual. Me siento tan feliz que aunque me hubieran puesto un cero no serían capaces de vencer mi buen humor. – exclamó James.
- - ¿Y eso? – inquirieron Scorpius y Harry, a la vez, con curiosidad.
- - Estoy vivo, que hay mejor que eso. – respondió con simpleza.
- - Eso está muy bien muchacho pero ven aquí y déjame que te cure. – dijo la enfermera Pomfrey apareciendo por detrás de todos y haciéndole tragar a James una poción amarga y viscosa. – Ahora si no es mucha molestia cójanle porque la poción le hará dormir unas horas.
James con una sonrisa en los labios se hundió en el reino de los sueños donde nada puede dañarnos. La oscuridad acogedora le meció entre las sonrisas de su familia. No había mejor forma de dormirse que esa.
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Eirian Lovegood
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