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reconoce que me amas PARTE I

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reconoce que me amas PARTE I

Mensaje  Invitado el Mar Nov 06, 2012 10:51 pm

Un nuevo año en Hogwarts había dado inicio, el ingreso de nuevos alumnos antes temerosos ahora correteaban felices por los fríos pasillos del castillo. Como era costumbre, las chicas ocupaban todo el tiempo libre que tenían para parlotear sobre su maquillaje, ropa y demás; ademá de chismosear con sus amigas sobre los muchachos guapos que veían en sus clases y quienes las habían invitado a salir. Puras tonterías señalaba Hermione deseando ponerles un hechizo silenciador y cerrarles la boca de una vez.
Pero no eran solo ellas, los muchachos eran todos iguales, con la mente en una sola cosa, el bendito "Quidditch", andaban siempre empapados de sudor tras un largo y entretenido partido de quidditch. Al parecer a muchas no les importaba andar al lado de un hombre apestando mientras se viera atractivo, ya ven por qué no tienen cerebro.
Sus ojos se movían rápidamente mientras pasaba las delicadas paginas de su librp, pasaron unos cuantos minutos más cuando por fin lo cerró con cuidado por el cansancio, llevaba leyendo horas sin detenerse y sus ojos color caramelo ya estaban enrojecidos y algo hinchados por la concentración.
-Hermione! Apúrate antes de que Ron se devore toda la comida! Rápido Rápido!- Insistió Ginny apresurando el paso de la castaña quien bostezaba no dándole mucha importancia.
-Ron te vas a atragantar!- le regañó su hermana menor quien lo veía con disgusto y algo de asco al notar toda su cara embarrada de puré. -Déjame comer en paz Ginny!- balbuceó él -El almuerzo es lo que me mantiene vivo en las clases, dile que me deje Hermione!- la acusó el pelirrojo haciendo puchero.
-Basta Ginny…- alcanzó a decir mientras miraba con ternura a Ron, le encantaban sus penetrantes ojos azules que combinaban a la perfeccion con su flameante cabello rojo y aquellas pecas que decoraban su nariz y que parecían multiplicarse cada vez que sonreía. No la malinterpreten, no es que se haya enamorado de Ron ni nada, pero debía admitir que su amigo se había convertido en un apuesto muchacho, ignorando sus modales de comida claro.
Giró su cabeza y observó a su otro mejor amigo que haciendo muecas empujaba las verduras a un extremo de su plato, soltó una risita, no le regañaría solo por esta vez.
Su cabello azabache estaba ligeramente desordenado, un par de mechones se escapaban rebeldes cubriendo su frente y ocultando su famosa cicatriz en forma de rayo que continuamente lo atormentaba. Sus ojos color esmeralda brillaban con entusiasmo, tenían esa chispa llena de vida que podían animar hasta el ser mas triste del mundo. Disimulando, recorrió con la mirada el cuerpo del chico, al igual que el de Ron estaba bien definido y fornido, no había duda de que el quidditch les había sentado demasiado bien. Aunque no era como para babear por ellos, pero eso no lo entendían las demás. O acaso era porque ella los veía solo como amigos? incluso hermanos.
Era común escuchar a las chicas suspirar por el dúo -Qué sexy es Weasley! Te juro que me lo quiero comer a besos- escuchaba en los baños -Viste a Potter hoy? Estaba DIVINO!- Repetían.
Todos se habían dado cuenta que habían dejado atrás aquellos cuerpos flacuchos y enclenques que una vez tuvieron para transformarse en gloriosos dioses.
Posó su mirada sobre su plato intacto y se puso de pie. Con un simple gesto de mano se despidió de sus amigos y abandonó el gran comedor. Las grandes puertas se cerraron tras ella haciendo un leve crujido y dejo caer su bolso al suelo.
Bostezando nuevamente, estiró los brazos intentado relajar un poco la tensión de su cuerpo. Sin darse cuenta, su blusa subió un par de centímetros dejando descubierto su firme y bronceado abdomen.
-Quien diría que aquella rutina de ejercicios que Ginny me envió durante las vacaciones me servirían tanto- sonrió satisfecha pero unos silbidos junto a pequeños flirteos llegaron a sus oídos y de inmediato acomodó su blusa con un leve sonrojo en las mejillas.

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reconoce que me amas PARTE II

Mensaje  Invitado el Mar Nov 06, 2012 10:53 pm

Dio media vuelta y se dirigió a la biblioteca, apenas dio unos cuantos pasos y se detuvo. –Aunque tal vez no sea la mejor idea…- pensó frotándose los ojos.
-Neville! Has visto a Luna?- corrió hasta llegar al lado del gryffindor que se dirigía al gran comedor.
-Hola Hermione, uhm la vi paseando por los jardines de la profesora Sprout-
-Gracias!- exclamó corriendo a la salida del castillo. Luna se había convertido en su mejor amiga desde el año pasado, se habían mandado numerosas cartas durante las vacaciones, e incluso la había ido a visitar a su casa. Ciertamente reconocía que era algo extraña, pero le gustaba esa parte de ella. -Sino no sería Luna- sonrió.
La castaña caminaba por los jardines buscando con la mirada a su amiga, finalmente la encontró bajo un árbol leyendo la revista el Quisquilloso. Con una sonrisa se acercó a ella que aún no se había percatado de su presencia y tomó el libro de las blanquecinas manos de Luna y lo giró regresándoselo.
-Te será más fácil leerlo de esta manera- rió y se sentó a su lado.
-Gracias Mione!- respondió con su usual tono soñador. –Ya comiste?-
-Uhm en realidad no mucho…- respondió posando su mano sobre su estómago.
-Toma… te regalo estas grajeas que me envió mi papa- sacó una curiosa bolsita decorada con lentejuelas de mil colores y que decía Luna con brillantina fucsia. –Engañarán a tu estómago hasta la cena-
Hermione tomó la bolsita y tomó una grajea metiéndosela a la boca, dejó que el dulce sabor se esparciera mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro, -fresa…-
La castaña se volvió a ver a su amiga y notó que tenía un par de banditas en su brazo derecho y una más grande en su rodilla –L-Luna pero qué te pasó?- exclamó con preocupación.
La rubia miró con sus grandes ojos azules a Hermione sin comprender lo que decía. Dirigió su vista a donde observaba su mejor amiga y suspiró con desgano. –Unas chicas de mi casa me comenzaron a molestar después de la cena de ayer-.
-Qué! Pero quienes se han creído! Iré ahora mismo y les daré una detención, dime sus nombres Luna- enojo e indignación aparente en su rostro.
-No Hermione, no valen la pena.- sonrió risueña la Ravenclaw mientras devolvía su atención a la revista y luego a su reloj de zanahoria. –No te preocupes por mi Hermione, no fue nada serio, solo me volvieron a esconder mis cosas. Ahora debo irme, tengo clases de pociones y a Snape tampoco le agrado mucho.- sonrió por última vez a la castaña antes de marcharse dando saltitos alegres.
Hermione no podía entender como Luna aguantaba los constantes abusos que recibía, ella no se merecía nada de eso, no era justo. Tomó con rabia otra de las grajeas e intentó olvidar lo ocurrido. Recostándose sobre el pasto, notó que sobre ella algo brillaba oculto en las ramas, se puso de pie para observar mejor lo que era y se dio cuenta que eran las zapatillas brillantes y coloridas de Luna.
Trató de controlar nuevamente el coraje que sentía y sacó su varita de la capa, apuntó con ella las llamativas zapatillas de su amiga pero sin resultados. Los cordones se habían enredado entre las ramas.
Resoplando molesta, se quitó la capa acomodándola junto a su mochila y levantó de nuevo la varita con la esperanza de lograrlo esta vez. Desgraciadamente lo único que consiguió fue samaquear tanto el árbol que numerosas hojas se desprendieron cayendo sobre su ya alborotado cabello.
-Asshh! Ya verán esa Ravenclaw!- refunfuñó y zapateó el pasto. Se cruzó de brazo y por el rabillo del ojo observó las zapatillas. Suspiró fastidiada y dejó caer su varita, con gran esfuerzo intentó subir al árbol, le llevó un par de minutos pero finalmente llegó. Ya arriba se limpió la gran gota de sudor que corría por su frente.
Gateó con dificultad por la fina rama y cuando ya no pudo avanzar más temiendo que se rompiera en cualquier momento estiró su mano temblorosamente.
-Sangre sucia!- el repentino insulto hizo tambalear a Hermione que se aferró lo más fuerte que pudo a la rama.
-Qué demonios quieres Malfoy!- lo enfrentó aún con miedo, pero a caerse.
-Así que por fin has entendido que tu existencia no vale la pena, pero te recomiendo la torre de astronomía. Será más rápido- se mofó el rubio.
-Cállate idiota! Mejor vete a esparcir tu veneno a otro lado que aquí nadie te quiere-
La expresión de Malfoy se endureció –Cómo te atreves a hablarme así estúpida come libros-
-Pues si no te gusta. Mejor lárgate- repitió la castaña ya impaciente.
Malfoy rió de lado y sacó su fina varita, Hermione solo lo miró con incredulidad pero el slytherin pudo notar que apareció por un segundo una chispa de temor en sus ojos marrones.
Sin darse cuenta, la rama comenzó a sacudirse con fuerza y la pobre Hermione se sujetaba lo mas fuerte que pudo de ella. –Qué haces estúpido!- gritó con miedo, pero él no se detuvo.
-Detente! Malfoy Detente!- chilló nuevamente y el paró con sorna.
-Para que aprendas a cerrar esa bocaza que tienes Granger- rió con frialdad.
Hermione lo miraba con odio a pesar de sus ojos llorosos, no derramaría ni una lágrima por culpa de una serpiente sin corazón. Con la fuerza que le quedaba levantó el brazo y tiró lo más que pudo de las zapatillas, pero un crujido de la rama la asustó.
Draco se sobresaltó ante el ruido e involuntariamente se acercó con los brazos extendidos hacia el árbol. Dándose cuenta de la estupidez que hizo giró la cabeza y se puso a mirar el lago. –Y a mí qué si sea cae- murmuró -Por mí que se rompa todos los huesos, a ver si así nos hace un favor a todos y se queda muda-.
-Hurón…- alcanzó a decir Hermione con nerviosismo –Hurón creo que esto se va romp…- insistió mientras la delgada rama cedía ante su peso. –Malfoy!- chilló.
-Qué demonios quieres!- giró la cabeza con fastidio pero solo pudo ver a Granger caer con fuerza sobre él. Su cabeza se dio de lleno contra el césped y retumbó. Abrió sus ojos con lentitud pero los cerró inmediatamente al ver que todo daba vueltas, quiso sostenerse la cabeza pero algo pesado oprimía su pecho no dejándolo respirar con normalidad.

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